sábado 26 de septiembre de 2009

Una ducha




Déjame contarte que pasa por mi mente.

Un día soleado, amaneces enredada entre tus sabanas luego de una noche de sueños vividos, donde yo aparecía constantemente. El calor te obligó a tomar una ducha, pero no solo eso, te sentías ardiendo por dentro tras verme en tu mente hora tras hora. Te veo caminando en ropa interior hacia el baño y sin esperar a llegar fuiste despojándote de ella, muy insinuantemente mirando hacia la ventana.

Te paseaste frente al espejo, el cual me habría gustado ser para poder admirar todo tu cuerpo desnudo día tras día. Tu pelo se encontraba alborotado, producto de una noche en la cama esperando que al abrir los ojos yo estuviera tu lado. En algún momento, entraste a la ducha, y mientras se graduaba la temperatura, una corriente de aire frío se encargo de erizar tu piel. Al entrar en la caída de agua, esta recorría suavemente tu cuerpo y mientras lo hacia, sentías como esas gotas se convertían en mis dedos, en mis manos, acariciando todo tu ser.
Quiero creer.

Iniciaste un juego de autosatisfacción al pasar el jabón por tu cuello, acariciando suavemente tus hombros. Luego, deseaste que tus manos fueran las mías y empezaste a acariciar tus senos. Tu energía me convocaba a estar allí, tocándole, amando te. Tu deseo me llamaba. Al calor de las caricias, tus pezones dieron muestras de excitación, erguiéndose a través de la espuma.
Tus manos en movimientos lentos, acariciaron tus pechos, como lo harán las mías un día no muy lejano.

Creo que la temperatura del agua era la ideal y mientras la espuma descendía por tu cuerpo, tu respiración aumentaba en ritmo, mas aún, lo que sentías te impedía tomar aliento.
¿Estoy en lo cierto?

Tu pelo mojado te cubría el rostro, pero se podía notar como pensabas en mi, pues tu cara mostraba un placer creciente mientras tus manos que se dejaban guiar por las mías, iniciaron las caricias por tus piernas, arrancando por tus tobillos, recorriendo muy despacio un camino ascendente que se encontró de repente con unos muslos húmedos, no únicamente por el agua, sino también producto del deseo.

El tiempo transcurría lento, pero las sensaciones que se apoderaban de ti no. Olvidaste el jabón y el agua por un momento y dejaste que tu temperatura corporal aumentara gracias a la imagen que cruzaba tu mente. Esa imagen era yo, provocando placer en todo tu cuerpo. Tus dedos, que en ese momento acariciaban la parte interna de tus muslos, no pudieron detenerse cuando quisiste sentirme dentro tuyo. Tus dedos, mis dedos. Tu cuerpo, calentado por el mio.

Estabas sintiendo las caricias que tanto has imaginado. Tu mirada reflejaba un placer que no estabas preparada para sentir, desde tu interior podía observar tus movimientos a través de tus ojos.
Aprovechando la humedad para acariciarte íntimamente, cerraste los ojos y sentiste como tus dedos se dejaban impulsar por mis deseos.
Quiero imaginarme dentro de ti, pero de la misma manera que tu lo hiciste entonces. Te tocabas, pero sentías como si fuera yo quien lo hacia, el agua lubricaba y te permitía acelerar el ritmo, aumentando tu placer. Me sentiste en tu interior, cada vez mas rápido, una y otra vez.

Era yo, quien te llevaba al punto máximo del placer. Era yo, el que te guiaba en la búsqueda del éxtasis superior. Era yo, amándote desde lejos, sintiéndote usando tus propias manos. Explotaste, conmigo en tu mente, pensando como será ese momento en que estaremos juntos por fin y sentir nuestros cuerpos desnudos el uno junto al otro.

Era yo, quien invocaste con tanta excitación. Era yo, que al visitarte en tus sueños me apodere de tu cuerpo, pero deje libre tu mente, para conducir tu lujuria.
Si mujer, era yo, el demonio que invadió tu alma hace tiempo, ese demonio que te provoca placer sin limite, ese demonio atormentado por la belleza de tu cuerpo y la pureza de tu ser.
Ese demonio que una vez dentro, no descansará hasta hacerte mía.

lunes 10 de agosto de 2009

Follador Serial


Estoy en la puerta de ese bar de gente solitaria y aún sin importar que sea relativamente temprano para tomar un trago, voy a entrar, tan pronto termine de fumarme este cigarrillo. Maldita sea la hora en que prohibieron llenarse de humo en lugares cerrados. Cruzo la puerta, su cristal grueso y frío me da una sensación de seguridad, como si estuviera entrado a una guarida secreta, de donde muy seguramente saldré diferente, intoxicado por el alcohol y su fuerte sabor, de donde saldré con menos neuronas pero más liviano de preocupaciones. Mientras me dirijo a la barra, mi lugar habitual, observo que el lugar es bastante diferente a la luz del día, con sus sillas sobre las mesas, olor repugnante a pino desinfectante, incluso Maritza no tiene su uniforme de bar tender que la hace ver tan sensual. Se limita a limpiar la barra perezosamente, con la mirada puesta en un lugar lejano, tal vez su novio, su familia, sus deseos o simplemente en la nada, sin frustración o ilusión alguna, solo cumpliendo la rutina laboral, de escuchar y embriagar al público. Me siento frente a ella, nos saludamos sin cruzar palabra, solo una mirada, ya conoce mi veneno y lo sirve doble. Whisky puro, sin agua ni hielo, solo. Me bebo un sorbo y siento inmediatamente su efecto, ese calor bajando por mi garganta, alivio y dolor combinados en un solo brebaje.

Instintivamente muevo mi mano al bolsillo de la camisa, pero Maritza con sus suaves manos me lo impide. Miro sus ojos oscuros que me señalan el asqueroso letrero que prohíbe fumar. Lo había olvidado. Resignadamente y sin problema me olvido de la idea. Un nuevo sorbo y mi garganta lo siente.

La luz del día aún se asoma por los ventanales que dan hacia la transitada calle, todo el mundo apurado, lleno de pensamientos, una verdadera carrera de ratas. Algo llama mi atención por un instante, una mujer se detiene frente al anuncio del bar, y aunque no es bella ni remotamente atractiva, tiene ese no-se-que en su aura, me distrae de mis pensamientos vacíos. Es extraño, pero me gustaría que se sentara a mi lado y platicar con ella y al verla cruzar por la puerta siento un leve corrientazo que cruza por mi estómago. Voy al baño, no me interesa saber que es lo que busca esta mujer y espero que cuando salga ya no se encuentre. Mientras estoy en el baño, al mirarme al espejo y ver como han pasado los años por mi rostro, siento la sabiduría de la soledad, puedo ver ese tiempo transcurrido entre la adolescencia y la madurez actual y me gusta. Ya no soy ese niño que deseaba conseguir una noviecita para estar con ella todo instante, disfruto de cualquier momento en el que tenga la compañía de una buena mujer, pero ahora acepto que todo debe tener un final. Aunque no me siento bien conmigo mismo, al menos me acepto tal cual soy.

Al salir del W.C. veo a esa extraña mujer hablando con Maritza como si fueran grandes amigas, sentada tras la barra. Me siento frente a mi trago sin mirar a ninguna de las dos y escucho que se llama Sofía. Sabiduría. Justamente esa es la sensación que despertó en mí al verla en la calle, a través del cristal. Al parecer, va a reemplazar por un tiempo a Maritza en el trabajo, ya que ella tiene que viajar a hacer algo que no me interesa ni pongo atención. Por lo visto, esta es la primera noche de Sofía atendiendo este lugar sola y no puedo negarlo, me agrada. Pido la segunda copa de la noche con un movimiento de mi mano y nuevamente sin hablar una sola palabra.

Sofía se dirige a cambiarse de atuendo, pero no creo que pueda llenar en lo más mínimo el uniforme que utiliza Maritza, sus curvas son deliciosas, sus tetas, su culo, es una mujer espectacular. Pero al ver a Sofía me llevo una sorpresa bastante agradable. Tras esa falda ancha y abrigo largo, ocultaba una figura muy llamativa. Sin ser voluptuosa y llena de silicona a diferencia de su compañera, inspira sexo. Si, del más básico y visceral, sexo salvaje. Lleva el cabello recogido tras el cuello, un cuello largo y delgado, adornado en su base por lo que parece ser un tatuaje, pero no puedo decir la figura completa por mi posición en el lugar. Debió mandar entallar el uniforme del bar, porque no puedo entender como pueda llenar el espacio de los grandes pechos de Maritza en ese vestidito. No lleva brassier, lo cual agrega ese elemento pervertido que me gusta tanto. Definitivamente estoy sorprendido. En un sorbo termino mi trago, y mientras van llegando los clientes de esta noche, veo a Maritza despedirse de Sofía con un abrazo caluroso, mientras por encima de su hombro realiza un gesto que me confunde la noche aún más. Me guiña el ojo como si fuéramos cómplices en algo. Maritza, la mujer con la que nunca he cruzado palabra y me he limitado a ignorar para satisfacer mis deseos de soledad en esta barra. Esta noche esta transcurriendo bizarramente.

Observo los movimientos de Sofía mediante el reflejo de los espejos que adornan el sitio, son seguros, ágiles, fuertes... excitantes. En el momento hay 5 personas más en el bar pero me encuentro solo yo en la barra. Ella se acerca.

-¿Otro trago señor?
-Si, por favor- Respondo fríamente mientras nuevamente intento sacar mis cigarrillos. Lo pongo en mis labios y al intentar prender uno de los fósforos, delicadamente ella pasa sus dedos por mis labios y me lo arrebata.
-Lo siento, pero no está permitido fumar acá.
-Lo olvidaba, no hay problema- Guardo el cigarrillo nuevamente en el paquete y la observo mientras me sirve otra dosis de alcohol destilado.
-Si, es dífícil, yo también muero por un cigarrillo- Agrega ella con una voz ronca y sensual.
Observo la calle y empieza a llover. Ya son casi las 8 de la noche y el lugar sigue casi vacío.
-Es una noche lenta al parecer-Señalo torpemente, para evitar ese incomodo silencio en la conversación.
-Pues es Miércoles, no creo que se mueva mucho hoy-Dice ella mientras sirve unas cervezas para una pareja que esta sentada en una de las mesas del fondo. Las pone en una bandeja pequeña y las lleva ella misma. Al alejarse por el pasillo no puedo evitar girar y admirar su caminar, elegante y provocador, como si estuviera desfilando para mí. Es ridículo pienso, debe ser el efecto de las copas, pero me está gustando hablar con esta extraña mujer. Sofía.

Transcurre una hora aproximadamente, la lluvia no ha parado de caer y la gente rota de manera igual. La pareja del fondo se ha ido, ha llegado un par de estudiantes y la música es agradable. Voy por mi quinto trago y nuevamente siento ganas de ir al baño. Mis movimientos son entorpecidos levemente por el alcohol ingerido y mi vista no es la misma, debo reconocer que ya no tengo la misma resistencia a sus efectos. One de U2, esta canción arranca mientras camino por el pasillo, al fondo a la izquierda, como en todo lugar. Desocupo mi vejiga mientras observo por la pequeña ventana que la lluvia cae más y más fuerte,. Mientras lavo mis manos nuevamente me miro en el espejo, acomodo mi pelo como si fuera un chiquillo alistándose para una cita a ciegas. Nunca lo hago, y quienes me conocen saben que ando por la vida siempre despeinado y sin vergüenza por el poco pelo que me queda. Decido dejar la estupidez y me alboroto el pelo para dejarlo tal cual lo tenia al entrar al baño y camino nuevamente a mi banca en la barra. Sigue sonando One, one love, one blood, one life you got to do what you should...

Sentado, observo que la gente se va, los estudiantes abandonan el bar. Solo queda un par de tipos en corbata que han estado revisando papeles sobre una mesa y tomando cerveza. One, one life but we're not the same we get to carry each other, carry each other.

Sofía mira la televisión pero se nota que no le pone atención a lo que esta pasando en el programa. Esta aburrida y me gustaría saber que es lo que realmente piensa. Al contrario a lo que es habitual en mí, le digo.
-Sofía, ven, si estas aburrida habla conmigo- Inmediatamente pienso que es la forma mas estúpida de retomar una conversación.
-La noche ha estado lenta y fría, ojala esos dos de esa mesa se vayan pronto.
-Me imagino que tienes afán por cerrar e irte a descansar, además, tu novio te debe estar esperando- Otro error típico, preguntarle por el novio, que patético.
-No se encuentra en la ciudad, viajó hace un semana a Argentina. La verdad creo que es mejor así.- Quiere hablar sobre él, pero la verdad no quiero escuchar problemas ni historias románticas que me producen sueño, ademas, sinceramente, me importa muy poco la relación sentimental de la chica.
El silencio incómodo nuevamente.

-Señorita, la cuenta por favor- Se oye a lo lejos, los dos hombres de corbata están organizando sus papeles.

Sofía prepara la cuenta de los hombres y la lleva hasta su mesa. Me queda todavía medio trago y no tengo intensiones de tomarlo rápidamente. La lluvia continúa cayendo y yo observo maravillado los movimientos de ella. Dentro de mí entiendo que puede ser el alcohol hablando pero me gusta mirarla con deseo, con morbo, fantasear durante breves instantes con hacerla mía.

Basta de tonterías, simplemente me acabo mi trago y me voy. Los hombres ya se han ido y Sofía viene de vuelta a la barra. Mientras busco mi billetera para pagar, siento que ella está cerca a la salida, pero sorprendentemente, la cierra con seguro y cambia el letrero. "Closed". Es imposible y una simple fantasía lo que pasa por mi mente.
-No te vayas, espera que voy a cerrar caja y nos podemos hacer compañía mientras tanto.- Dice con una sonrisa algo picara.

Acepto extrañado, me siento nuevamente en la banca, mirando el fondo vacío del vaso. Sofía lo llena mientras me dice - Este va por cuenta de la casa.- Un trago gratis y una situación extraña, ¿Que más puedo pedir en una noche de Miércoles?

La miro mientras llena un cuaderno con las cuentas del día y ella me devuelve la mirada... no cruzamos palabra alguna pero ella sonríe mientras lo hace. Realmente no se que pensar, podría acercarme e intentar besarla, me gustaría ver su reacción cuando mis manos acaricien su espalda, pero no seria yo mismo. Permanezco sentado lamentándome por ser tan patético y dando vueltas a la situación dentro de mi mente. El sonido de un golpe me saca de mi letargo, Sofía intenta cerrar la caja registradora pero parece estar trabada. -Ven ayudame a cerrar esto, no logro hacerlo.- Que excusa tan estúpida para hacer que me acerque, pero no lo dudo ni un segundo, me esta seduciendo, y no me voy a hacer el difícil.

Su aroma se percibe a medida me acerco por detrás, ella no se voltea, como si estuviera intentando hacer fuerza sobre la maquina registradora, mientras la rodeo con mis brazos y sin resistencia alguna introduzco mi nariz en su cuello. Ella lo pidió y va a recibir lo que quería. Huele como la lluvia que cayó durante la primera parte de la noche, sin aromas dulzones que me alborotan la alergia ni perfumes que confundan su olor natural- Es ella, simplemente, la lluvia que resbaló por su cuello y ha quedado impregnada. La volteo para ver sus ojos escondidos tras esos lentes, y por un momento podría jurar que los vi cambiar de color. Debe ser la emoción del momento o los tragos, siendo esto último lo mas probable. La beso, sus labios no tienen sabor alguno, naturalidad para todo, y aunque se nota que usa maquillaje, su labial no me deja ningún sabor, solo sus labios, insípidos pero que por algún motivo no puedo separar de los míos. Me muerde suave y torpemente, como si quisiera parecer una Femme-Fatale, pero no le doy importancia a eso, sencillamente la monto sobre la barra y desabotono su uniforme agresivamente. Basta de juegos mujer, hoy vamos a follar, disfrutaremos y cada uno se irá por su camino.

Sus pechos quedan al descubierto inmediatamente, como lo había notado, no lleva nada bajo la blusa. Los beso y muerdo sus pezones, los acaricio con ambas manos y utilizo mi lengua. Se lo que le gusta por sus gemidos. Arranco su cinturón con un solo movimiento y puedo ver cierto temor en sus ojos por mi violencia, pero le gusta y no va a hacer nada por impedírmelo. Mete su lengua en mi boca sabiendo que este encuentro solo se dará una vez, que no se repetirá y no volveremos a vernos. Una sola vez y se abandona a todas sus perversiones reprimidas. Esta noche va a ser toda una puta y va a disfrutarlo.

Ella también sabe usar la violencia. Arranca mi camisa y la bota al suelo con furia, mientras clava sus uñas en mi espalda al sentir como la penetro por primera vez. Y una y otra vez. Se caen las botellas de la barra debido a los embates sexuales. Le gusta, y a mi también Sentir su piel, la piel de una extraña que no voy a ver nunca más. Sin remordimientos de ninguna clase. Solo dos personas que se desean. No te amo, es mas, no se ni el uno por ciento de tu vida y no me importa conocerlo. A ti tampoco te importa mi pasado, mis traumas ni mis deseos. No me importa saber porque tienes esa cicatriz en el hombro derecho, ni que significa ese tatuaje árabe en tu nuca. Estamos cumpliendo con nuestras necesidades más básicas y lo estamos haciendo muy bien.

Suena su celular y ella lo apaga rápidamente, no quiere ser interrumpida por su novio, su madre, su amiga o su confidente, quiere entregarse a este extraño, sin obligaciones ni compromisos- Pasión animal, nada más.

Duramos media hora tirando, follando, no amándonos, simplemente compartiendo placer. ella se viste y se dirige al cuarto de empleados. Mientras la veo alejarse, ella voltea sobre su hombro y me mira diciendo gracias con sus ojos, sin cruzar ninguna palabra. Cuelgo mi camisa sobre mis hombros y pongo mi abrigo cubriéndome preparándome para el frío de la noche. Enciendo mi cigarrillo por fin, ese que fue negado por las dos mujeres que me atendieron, una con alcohol y la otra con sexo. Abro la puerta y por un momento siento su mirada en mi cuello, pero me resisto a voltear, es mejor así, sin despedidas ni cortesías de ningún tipo. Adiós para siempre Sofía.


lunes 8 de junio de 2009

Little Redblood Riding Hood


Te observo, todas las mañanas mientras caminas sola por el bosque. Te acecho sin que te des cuenta, he aprendido todas tus rutinas, todas tus costumbres, todas tus perversiones. Se que eres un alma pura y eso me ha llevado a la obsesión que siento hoy por tí. En las noches, cuando la única luz existente es la de la luna que se asoma tímidamente por entre las nubes, permanezco alerta, te vigilo, te protejo, te cuido. Soy aquel que anónimamente deja flores silvestres en tu puerta, ese que te regala chocolates cada vez que puede conseguirlos, pues se tu debilidad por ellos. Asomo por tu balcón, estoy a tu lado mientras duermes sin que me notes, siento tu respiración bajo tus sabanas, mientras la mía empaña el frío vidrio de tu ventana. Se que duermes desnuda, aún en las noches de tormenta, cuando el viento sopla y la lluvia golpea tu casa, me encanta. Tienes un lado oscuro, aunque angelical durante el día, puedes ser perversa en las noches, lo noto por tus movimientos durante tus sueños, ansío entrar en ellos, poder convertir los míos en realidad.

Tus labios, rojos como la caperuza que usas, desatan en mi los sentimientos mas carnales, quisiera besarlos, recorrer con mi lengua toda tu boca muy despacio, sentir cada uno de los latidos de tu corazón mientras recorro tu cuerpo con mis garras, respirar lentamente por tu cuello y perderme en tu pelo negro, negro como la penumbra solitaria de mi caverna, mientras te hago el amor durante toda la noche.

Me atormenta que no conozcas verdaderamente a esa mujer a quien llamas dulcemente Abuela, esa anciana que bajo ese manto de ternura esconde un ser realmente malvado, un verdadero demonio, capaz de acabar con el brillo que despiden tus ojos negros. Se de sus intensiones, la he oído hablar constantemente con tu madre, se de los planes que manejan para tu vida, y no voy a permitir que te alejen de mí. El sentimiento que llena de fuego mis entrañas cuando veo que quieren hacerte la esposa de ese cazador mal nacido, aquel que durante décadas ha exterminado a los de mi especie, me lleva a la locura.

No puedo solo observar como te preparan para ser su mujer, debo hacer algo. No voy a dejar que vivas tu vida al lado de otro, sabiendo que eres mía. Se de los tratos que han hecho durante años, se como ella se entregaba a él durante largas noches, sus gemidos se escuchaban desde kilómetros en la soledad silenciosa del bosque. No es posible quedarme quieto sabiendo que él espera poseerte, que desea contaminar tu cuerpo con su presencia, ese cuerpo que se ha mantenido blanco y casto, impoluto de todas las maneras, ese cuerpo que espero sea para mi y nadie más. Estoy dispuesto a arriesgar todo lo poco que tengo, piel, garras y colmillos, por salvarte de ese maldito, ese verdadero lobo con piel de oveja y de su cómplice, la maldita vieja ramera que se esconde tras esas canas. Voy a raptarte, llevarte lejos donde podamos vivir tranquilos, donde pueda hacerte el amor durante horas y horas, donde me pueda convertir en tu esclavo, un lugar lejano, donde aprendas a amarme de la misma forma que yo lo hago. Puede ser una casa con las típicas verjas blancas, rodeada de un camino de arbustos, o tal vez un lugar oscuro y desierto, lejos de todo, para que podamos soltar nuestros deseos mas terrenales, donde pueda hacerte toda una mujer, un lugar privado, solo para nosotros dos.

Quiero que despiertes de ese sueño que te han vendido, ese lavado cerebral planeado desde hace años entre el cazador y tu abuela, quiero que borres de tu mente esa imagen del lobo sanguinario y asesino, para que veas la verdad del asunto y te des cuenta de cual es el malo de la historia. Este lobo esta listo para desbaratar todo el esquema asqueroso que llevan maquinando durante mucho tiempo, tal vez antes de tu nacimiento. Siento ganas de vomitar al imaginarte desnuda a su lado, y él admirando tus senos, aquellos que parecen esculpidos en el mas puro de los mármoles, no puedo dejar que esto suceda.

He decidido acabar con este plan diabólico esta misma noche, ir a enfrentar a esa anciana. Atravieso el bosque lo más rápido que mis patas lo permiten, mientras siento que mi corazón sale disparado por mi boca, impulsado únicamente por el amor que siento por ti, por esa inocencia que veo en tu rostro, guiado por la furia visceral que despierta el imaginarte en el lecho con otro. Durante mi recorrido me imagino a tu lado, abrazándote por siempre, besando esos labios como si no hubiera un mañana, acariciando cada espacio de tu hermoso cuerpo, haciéndote desear que las noches fueran eternas, noches de pasión sin control ni restricciones, donde nuestras almas se conviertan en una sola.

Ya puedo observar a lo lejos la cabaña de la vieja. Las luces están apagadas, y no se escuchan los asquerosos ruidos amatorios que emite en sus encuentros con sus múltiples amantes, por lo visto está sola. Disminuyo el paso para no ser detectado, la luna parece dar su bendición a mis acciones de esta noche, pues se oculta tras unas nubes que cubren de oscuridad la noche. Mi respiración es agitada por el recorrido frenético, la emoción que siento se refleja en mis venas, a punto de estallar por el flujo de sangre, sangre que con gusto derramaré hasta la última gota con tal de salvarte de este destino que han marcado.

Intento calmarme antes de entrar a la guarida de esta bruja, y aunque la he estado vigilando, tengo que estar tranquilo para realizar mi próximo movimiento. Empieza a llover ligeramente, pero a lo lejos observo los rayos de una tormenta, es mejor, así no se escucharan los gritos de la anciana mientras la envío al infierno. El aire toma un aroma peculiar, se percibe la muerte acercándose, ese frío mortal que invade la atmósfera cuando esta por hacerse justicia. Lentamente y sin ruido, abro la ventana que conduce al sótano.

Mojado, me deslizo por ella, dejando un camino de agua por la alfombra del oscuro cuarto y mientras cierro nuevamente mi vía de entrada para no despertar sospechas, observo la decoración inusual de la habitación. Una mesa de madera sobre la cual se ven marcas de arañetazos, correas de cuero dispuestas de forma que podrían asegurar el cuerpo de una persona a la tabla, forzándola a yacer acostada en ella con las piernas abiertas. Cadenas, látigos, falos de madera, máscaras y demás elementos sadomasoquistas confirman mis sospechas, esta mujer no es para nada la tierna abuela que tu crees. No hay muestras de fluidos corporales, por lo tanto sospecho que no han sido utilizados recientemente, eso, o puede ser una obsesionada por la limpieza, pues no se ve polvo en ninguno de los elementos de la habitación. Solo el pensar que esta mujer quiera entregarte al que ha sido su amante en este lugar por tantos años me revuelve el estómago.

La puerta que lleva al primer piso esta cerrada, pero sin asegurar, al abrirla observo que las escalas son en concreto, por lo tanto no me preocupare por el ruido característico de la madera que pueda despertar a "la abuelita" mientras asciendo por ellas. La escalera conduce a la cocina, que a diferencia del sótano, no tiene nada en particular, frascos de conservas en los anaqueles, libros de recetas sobre la mesa, lo usual. Busco la gaveta de los cuchillos, pero no porque quiera usarlos en contra de la mujer, quiero quitarle cualquier posibilidad de defenderse, y un arma en sus manos podría ser un problema. Guardo todos los elementos cortantes en una bolsa que encuentro a la mano y los oculto en el horno, silenciosamente, aunque la lluvia de la noche borra cualquier ruido que pueda hacer por descuido. Observo de reojo la ventana y me parece verte a lo lejos, es mi imaginación. Te he visto caminar tantas veces por el camino que conduce a esta casa por el bosque, envuelta en tu caperuza roja, deseando que te dirigieras a mis aposentos, en vez de a este lugar, donde se respira traición y engaño. Me gustaría tenerte en mis garras en este momento, pero para eso ya habrá tiempo, tiempo para amarte. Por ahora debo concentrarme en mi misión.

Camino por el pasillo que me lleva a la habitación principal, la lluvia arrecia cada vez más, y temo que la vieja se despierte y reaccione a mi visita. Abro la puerta lentamente, pensando que voy a hacer cuando la vea, pero mi reacción no es la que esperaba. Allí esta ella, duerme profundamente, sus ronquidos eran imperceptibles por el ruido de la tormenta, al verla desde tan cerca no parece la mujer malvada que ha fraguado durante años la entrega de su nieta al cazador, incluso siento por un leve momento que lo que estoy por hacer no es lo correcto, pero nuevamente te imagino siendo besada por esos labios y mis dudas se despejan. Podría morderle el cuello en un instante y dejarla desangrar, pero temo que si tú ves esa imagen, no podrías sacarla de tu mente. No, no quiero que sufras, te amo tanto que no quiero contaminar tus recuerdos con la sangre de esta anciana. Tomo una almohada que está en el piso, al lado de su cama y aprisiono su cara con ella. Sus manos se mueven erráticamente, confundida por la sensación de ahogo. Nunca había matado a nadie por motivos diferentes a comida o defensa de mi territorio, el sentir una vida que se escapa por mis manos es algo horrible, pero cuando se que es para que podamos estar juntos no lo dudo. No puedo impedir que las lágrimas salgan de mis ojos. Mantengo la presión hasta que deja de moverse, pero aun después que han terminado sus espasmos, no soy capaz de retirar la almohada. No quiero verla, su cara debe ser una imagen espantosa. Si soy un lobo, pero no soy un ser sediento de muerte y sangre. Envuelvo su cuerpo en las sabanas, con cuidado de no ver su expresión por error.

Mientras cargo su cadáver me veo en un espejo y me sorprendo llorando. La lluvia esta finalizando su caída, debo apresurarme para enterrar a la mujer aprovechando que la tierra afuera esta mojada. Salgo por la puerta principal, mirando a todos lados, los nervios no pueden apoderarse de mí en este momento, no cuando he logrado detener ese destino cruel que te esperaba. Mientras entierro el cuerpo no puedo dejar de pensar en ti, Caperuza, en como algún día podremos estar juntos, enseñarte el amor que por ti siento. Imágenes pasan por mi cabeza, amanece y pronto vendrás a mí, como todos los sábados, caminando sensualmente por ese camino empedrado, con tu canasta de regalos para tu ahora difunta abuela, que cargabas sin saber lo que ella esperaba hacer contigo. Las aves del bosque cantan, anunciando la salida del sol, y aunque la tormenta fue bastante fuerte, no se siente frío, al contrario, una calida brisa recorre el lugar.

Vuelvo a entrar a la casa, cuidando no ensuciar nada, no quiero dejar huellas de mi presencia para el momento de tu llegada. Camino nuevamente hacia la habitación principal, busco en los armarios sabanas nuevas para arreglar la cama, al abrir los cajones encuentro gran cantidad de juguetes sexuales de la abuela, de verdad la mujer sabía como disfrazarse para engañar tus ojos. Estoy seguro que cuando te regalo tu capa roja lo hizo para satisfacer las fantasías fetichistas del cazador, a quien te prometió hace años. Encuentro unas sabanas de seda blancas, con las cuales ordeno la cama y me acuesto en ella para esperarte. Por fin vas a conocer la verdad y estaremos juntos para siempre.

Ya ha amanecido, y si tus costumbres son las mismas que he venido observando desde hace largo tiempo, debes estar por llegar. Arropo mi cuerpo cuidando no dejar ninguna parte al descubierto, pues quiero hablar contigo y explicarte la historia completa sin que me veas, para que entiendas mis argumentos y comiences a enamorarte de mí de una vez por todas y para siempre. Te he salvado niña, te he salvado. Escucho tus pasos acercándose por el camino de grava, lentos, seguros, alegres y excitantes. Estoy seguro que cargas la canastilla en tu antebrazo izquierdo, mientras buscas las llaves en el bolsillo derecho de tu caperuza roja. Oigo como giras el seguro de la puerta y temo que los latidos de mi corazón me delaten. Abres la puerta, siento como tu presencia calida llena la casa de paz y amor, tu pureza es lo que me ha enamorado. Mientras dejas la canasta en la cocina, mi respiración se acelera, siento que me ahogo bajo estas sabanas. El tiempo parece congelarse, es una eternidad el camino hacia la habitación, falta poco para que seamos uno y la espera es interminable. Entras a la habitación y esta se llena con tu aroma, ese aroma a flores silvestres, a vainilla, es el verdadero aroma de una diosa.

-Abuelita, buenos días, te he traído lo que tanto te gusta, lo he dejado en la cocina como siempre. ¿Como siguió tu asma?

-Bien Caperuza, ya estoy mejor, pero siéntate a mi lado, tengo algo muy importante que decirte.- Finjo la voz lo mejor que puedo y la emoción de tenerte cerca me hace temer que voy a delatarme antes de tiempo. Siento como obedeces y te sientas junto a la cama, es casi imposible luchar contra el impulso de salir de mi escondite y besar tu boca.

-¿Que tienes que decirme?, abuela, me estas poniendo nerviosa. Y me estas mintiendo, tu asma no ha mejorado, tu voz se oye peor que nunca.
Me has descubierto, estoy seguro, pero tengo que hacerlo lo mejor posible para que me creas.

-¿Conoces al cazador que frecuenta mi casa? Tu madre y yo te hemos comprometido con él, van a casarse muy pronto.

-Abuela, no es justo, él es mucho mayor que yo, no podría vivir con alguien así. Además, estoy enamorada de alguien más.
Escuchar eso de tus labios paró mi corazón. ¿Quien es ese hombre? Es imposible, si conozco todos tus movimientos, no es cierto, debes estar mintiendo, Caperuza dime que es una mentira, que lo que acabo de escuchar no es cierto, Caperuza, yo soy quien te ama y tu me vas a amar cuando me conozcas.

-¿Como que estas enamorada de otro hombre? ¡¡¡Exijo de inmediato que me digas quien es!!!

-Es extraño, puede que sea una fantasía, pero desde hace bastante tiempo me siento observada en todo momento, siento que nunca estoy sola. A mi puerta constantemente llegan flores y chocolates. En las noches se que hay alguien que me acompaña, me vigila, me cuida, y secretamente me desea...

El oír esto me congeló aún más, como es posible que supieras que existo, como pudiste darte cuenta de este lobo que te ha amado en silencio durante tanto tiempo.

-Es imposible, no puedes amar a nadie más, es... es.....

-Es cierto, lo amo como se que él me ama. Como se que tú me amas. Lobo, sal de ahí, quiero verte por fin, quiero ver la cara de aquel que mató a mi maldita abuela para salvarme. Lo se todo....

He muerto, mi corazón no bombea mas sangre, es eso y lo que estoy oyendo no es cierto. Con la respiración contenida y los ojos cerrados, retiro las sabanas de seda blancas, para admirarte por primera vez de cerca, ver tu rostro de ángel, ver tus labios rojos, ver tu pelo negro, mirarte a los ojos y decirte te amo frente a frente, pero al abrir los ojos lo que veo sobrepasa cualquier sorpresa. Estas sentada frente a mí, con las piernas cruzadas de la manera más sensual que he visto en mi peluda vida, desnuda, cubierta solamente por la caperuza roja, tus senos perfectos sobresalen ligeramente por la abertura de la prenda. Nunca había visto la perfección cara a cara y no puedo dar crédito a mis ojos.

-Lo se todo, Lobo, lo se todo. Mi mamá confesó hace un tiempo, ella me dijo lo que mi abuela pensaba hacer y desde entonces he estado alerta a tus movimientos.

-Pero como, es imposible que supieras que he estado cerca, nadie se pudo haber dado cuenta.

-No seas idiota, subestimas la percepción de una mujer. Desde que era una niña me he dado cuenta que me persigues, he visto todo lo que haces por mi, como me observas en las noches, como cuidas de mi en esos largos paseos por el bosque, por eso siempre camino por el mismo sitio, recorriendo los mismos pasos, esperando que me veas, me desees como yo te deseo ahora. Por eso he dormido desnuda desde hace años, sin importar el frío de la noche. Te he soñado desde hace tiempo, de igual forma que tú lo has hecho y ahora estaremos juntos...

Acércate a mi cuerpo Caperuza, deja que por fin pueda tenerte, regálame esos labios, déjame tocarte completamente, permíteme amarte como siempre lo he soñado.

Boom.... boom... dos cañonazos, dos ensordecedores disparos fueron lo ultimo que escuche, y mi ultima imagen fue ver desvanecerse el brillo de los ojos de Caperuza. El cazador la había seguido, cansado de la espera había ideado atacarla esa mañana en el bosque, hacerla suya de una vez por todas, pero había esperado que saliera de la casa de su abuela. Al ver la demora de mi amada, entró silenciosamente y escucho toda nuestra conversación. La primera bala destrozo su vientre desnudo, al igual que mi corazón, pude sentir como se detenía al verla morir. La segunda partió mi cráneo en dos, pero ya no importaba, en menos de un segundo había perdido la mujer que en silencio había amado durante tanto tiempo.

viernes 22 de mayo de 2009

Sed de tí....


Hoy me encuentro como tantas otras veces, sentado con el vaso vacío. Los reflejos en mi botella a punto de acabar me recuerdan tus ojos, inexpresivos en diferentes momentos, pero llenos de fuego la mayoría del tiempo. Mientras escucho las notas de Willie Colón y su gitana recuerdo muchas cosas, algunas buenas otras no tanto, pero igual recuerdos. Sirvo el último trago de whiskey lentamente, observando como el liquido llena el vaso. Mi mente ya confusa por el licor y por mis pensamientos entorpece mis movimientos, mis manos temblorosas derraman unas gotas de alcohol amarillas sobre la mesa, justo al lado derecho de tu foto, y aunque es la única que tengo ya no quiero observarla más. Pongo nuevamente la misma canción para inundarme otra vez con memorias, negandome la posibilidad de derramar aunque sea una lágrima, pues si mi tristeza es el sentimiento dominante, prefiero sonreír una última vez al tiempo de encender el cigarrillo que detendrá definitivamente mi corazón.


Formo figuras con el humo del cigarro, aspirando una y otra vez, intentando dejar de pensar, y el dolor de cabeza empieza a desaparecer finalmente, pero mis manos se entumecen mientras hecho mis ultimas bocanadas. El veneno está haciendo efecto, mi mirada se hace nublada y mi respiración se dificulta mientras la tos invade mis pulmones. Gitana gitana, gitana gitana, tu pelo tu pelo, tu cara tu cara. Quiero oír esta canción una vez más, pero las fuerzas abandonan mi cuerpo y no puedo volverla a poner en el toca discos.


En un último esfuerzo levanto tu foto y termino mi trago observandola, buscando en esa mirada tuya el perdón para poder descansar de una vez por todas. Lo hice y no puedo devolver el tiempo. Al tiempo que suenan las aves anunciando el alba comienzo a extrañarte nuevamente, anhelando tu compañía, pero no puedo hacer nada para volver a tenerte a mi lado. Ya no puedo sentir las piernas y mantenerme en la silla es cada vez mas difícil, debo tenderme en el suelo como lecho final mientras tenga fuerzas que me lo permitan. No quiero acabar como una figura de cera en una posición extraña, me gustaría reflejar una tranquilidad falsa para aquellos que encuentren mi cuerpo, aún sabiendo que nadie vendrá a buscarme.




La luz se debería hacer mas intensa a medida que amanece, pero en mis ojos disminuye e intento concentrarme en tu rostro plasmado plácidamente en la foto, con esa sonrisa que me alentó por tanto tiempo pero que ahora ha desaparecido para siempre. El aire abandona mi pecho en un suspiro definitivo, o al menos eso espero.



Nuevamente abro los ojos, no estoy seguro de cuanto tiempo ha pasado esta vez, pero por la luz en la habitación calculo que solo han sido unas horas. Todo sigue igual, la botella permanece vacía, el vaso está seco y la colilla de ese cigarrillo ha marcado el piso de madera. Y tu aún estas muerta sobre la cama, en la misma posición de reposo que te dejé, con los ojos cerrados para siempre y cubierta por esa sabana que nos arropó durante tantas noches. A sido en vano, este intento por terminar mi vida es inútil, y por mas que quisiera dejar de ser inmortal y acabar de una buena vez con mi existencia, continúo condenado a sufrir atormentado una y otra vez por las imágenes de tu muerte bajo mis manos. No es la primera vez que tomo el papel de verdugo, pero si la primera vez que lo hago en alguien que he amado. Que he amado y sigo amando.


No puedo morir, ni ahora ni nunca. Lo asimilo de la mejor forma posible, pero las heridas en mi alma por haber provocado tu muerte no cerraran fácilmente. Por ahora, lo único que puedo hacer es desacerme de tu cuerpo ya helado, pero que no abandona su belleza. Me debato entre conservarte eternamente, condenándote a una inmortalidad como la mía y desaparecer tu cadáver, el más hermoso que haya visto hasta el momento. Te amo en mi forma bizarra, viéndote tendida en la cama, pálida y angelical, pero se que así te devolviera a la vida, ya no serias mía y tu rechazo es algo que no podría soportar. Prefiero eliminar esa esperanza quemando tu cuerpo, que las llamas se encarguen de hacer el trabajo. Levanto tu figura desnuda, que solo tienen las marcas de mis manos alrededor de tu cuello y la llevo hacia el incinerador del edificio, sin despertar ningún tipo de mirada extraña por los habitantes del edificio en el que pasamos días y noches. Antes de meterte en el horno, me gustaría besarte una última vez, pero me abstengo de hacerlo, quiero recordar tus labios húmedos y cálidos.


Espero durante 2 horas junto a ese infierno, y ya que he terminado, salgo a caminar con las llaves de tu auto aún en el bolsillo, alejandome a paso lento y melancólico, pues como sabes, la conducción nunca ha sido lo mio. Conservaré tu foto, como un recuerdo de la mujer que murió en mis manos, pero que vive en mi corazón

lunes 13 de abril de 2009

Gula















No es el apetito desmesurado por la comida, no, es el exceso de hambre hacia una persona, el deseo incesante de estar junto a ella, la dependencia, el vicio. De solo pensar en ella sentir como sudan las manos y el estomago se revuelve. De solo imaginar perderla, los ojos se cierran y ven la muerte.

Es absorber su tiempo, absorber su espacio, absorber su libertad... absorber su alma. Esa es la verdadera gula, la que impide separarse, la que no permite sostener un pensamiento sin ver su cara, la necesidad de hablar, de oír su voz, la sed por una mirada, por una sonrisa, por un beso distante.

Es ahogar toda posibilidad de separación, es terminar con toda individualidad. Alimentar la manía hasta el punto de la saciedad, sentirse enfermo y nauseabundo de su sabor, pero seguir deseándolo. Cuando no es posible calmar la obsesión y es necesario agotar su fuerza vital, acechando cada minuto, cada instante, llegar a los limites de la sanidad y atravesarlos de un solo empujón.

Aspirar su aroma en cada respiro, inyectarse de su presencia como un junkie a su dosis diaria de heroína, y padecer la abstinencia cuando no es posible conseguir un poco de su vida. Esa es la gula, la sed por un alma. Es el caminar necesitando desesperadamente algo que recuerde a ese ser, mas que alimento físico, es alimentar la dependencia hacia alguien, que así se vea satisfecha por breves momentos, siempre se generara mayor necesidad, una necesidad enfermiza, una necesidad de besar, de acariciar, de desgastar su piel contra la propia, de ver su ultimo suspiro antes de caer dormida. Y aun así, entrar en sus sueños, estar en cada segundo de sus pensamientos.

La gula, no se satisface hasta que uno de los dos muere, y si sigo escribiendo estas lineas, ¿Quien piensas tu que ha sido la víctima?

martes 7 de abril de 2009

La Caminata Final del Centauro.


Esta es tu noche, fiel amigo, en el frío invierno te encuentras solo. Sientes en tu pecho desnudo el correr de la brisa, hueles el aroma de la ultima flor que ha sobrevivido y hoy se marchita.
Fuiste un guerrero, Poderoso Centauro, pero tus días en este mundo se acercan al ocaso. Recorres alumbrado por la tímida luz de la luna, el sendero final, con la frente en alto, recordando tiempos pasados.
Tus pasos, ahora cansinos, no son ni la sombra del majestuoso galopar de aquellas épocas, pero con orgullo exhibes las marcas en tu cuerpo de tiempos difíciles, batallas ganadas y batallas perdidas. Sientes el respiro de La Muerte cabalgando a tu lado, esa misma que en otros momentos veías desde lejos y de quien te burlabas con desprecio, es ella ahora, quien piadosamente posa su mano en tu hombro y te reconforta.
Pasan por tus ojos las imágenes de tus amigos, a quienes viste caer antes que tú, de tus amantes, a quienes ofreciste gustosamente parte de tu alma, de tus enemigos, a quienes les tendiste misericordia y trataste con respeto.
Este bosque, que defendiste y protegiste, es testigo de tu respirar lento y difuso, pero te niegas a parar tus pasos, estas aguas, de las cuales bebiste para saciar tu sed, te dan las fuerzas para seguir adelante.
Estas solo Amigo Centauro, lo sabes y te duele. Lloras de nostalgia, pues tu tiempo esta terminando, la antigua energía de los dioses se acaba. Se acaba, y reconociendo tu mortalidad, suspiras.
Tensas tu arco, aquel que fuera tu arma y herramienta, con el cual venciste y conquistaste, por una última vez. Pero ahora no tienes un objetivo, aquel disparo certero legendario se ha esfumado. A duras penas puedes ver. Has envejecido.
Lanzas la flecha final, esta vez hacia el horizonte y sin rumbo fijo. La sientes volar, libre, como lo fuiste algún día, y sabes que cuando esta caiga, habrás encontrado tu lugar de reposo.
Fuiste impetuoso e impulsivo Gran Centauro, fuiste joven. Ahora eres sabio y paciente, eres viejo. Has sobrevivido por tantos años, has aprendido y madurado, has reído y has llorado. Has vivido.
Tus manos, manchadas y arrugadas, que ayer te permitieron acariciar a tu amada, hoy te duelen como marca de tus años. Lentamente, estas muriendo.
Caes junto a tu flecha clavada sobre el prado, agotado, tras sobrellevar el peso de tu mundo por muchas generaciones, con el corazón destrozado, consciente que eres el último de tu raza. Mueres, en tu mente los recuerdos claros, en tu cuerpo las cicatrices forjadas en la carne, bajo tus cascos los caminos recorridos.
El latido en tu corazón cesa, pero te reconforta saber, que al cruzar las puertas que conducen a la otra vida, no estarás más solo, y esperas encontrarte nuevamente con aquellos a quienes regalaste parte de tu amor desinteresado. Esta noche, formaras parte de un nuevo mundo, sera un renacer, acompañado por familia, amigos y amantes. Descansa hoy, Oh Valiente Centauro, que tu memoria nos acompañara eternamente y cuando sea mi turno, espero que cabalguemos juntos de nuevo.

viernes 27 de marzo de 2009

Pieza por pieza


Cuando la vi por la calle, fue una atracción animal. Sus largas piernas pisaban con seguridad en el suelo mojado por la lluvia nocturna, se contoneaba como seduciendo al aire mismo. Sus caderas, con el ritmo del péndulo de un reloj, se balanceaban de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como si su intención fuera hipnotizar a quien venia caminando detrás de ella, y lo había logrado. La seguí por un tiempo extenso, mientras sus tacones rompían el silencio de la noche, mis pensamientos daban rienda suelta al admirar su largo cabello rubio, quería saber donde iba a llevarme esta nueva aventura, si así podría llamársela, o si por el contrario, iba a terminar como la mayoría de mujeres que observo en la calle. Sin percatarme, íbamos en la misma dirección, como si los lazos del destino quisieran que nuestros caminos se encontraran en algún punto.

Observe como entraba por esa puerta estrecha y oscura, saludando al mal encarado portero de turno con un gesto algo perverso, y por primera vez en esa larga caminata, pude ver el brillo de sus ojos al reflejo de las escasas luces de la calle. Su mirada helada como el mismo techo del mundo, me hizo sentir a las puertas de la muerte por un instante, como si ese gesto estuviera dirigido a mi. Apure mi paso, sentí un mórbido retorcijón en mi estomago que me impulsaba a seguirla por esa puerta de rejas metálicas, oxidadas y sucias, cuando sentí una mano fuerte que me impedía el paso. El maldito guardián de la entrada me cortaba el vuelo, un malandrín con una cortada que atravesaba su mejilla izquierda y un asomo de barba que intentaba ocultar su miedo al pronunciar estas palabras -No puede seguir, esta es la entrada para las mujeres. - Me estaba preparando para apartar su mano de un golpe seco, cuando creo que vio mis intenciones y se alejó dos pasos. De haber seguido mis instintos, habría perdido la oportunidad de volverla a ver, así que le di la espalda y seguí mi camino. Esta noche no cobraría la ofensa, ya llegaría su tiempo.


Encendí un cigarrillo sin filtro, siempre he creído que los mentolados son para débiles mentales, que quieren aparentar una falsa seguridad y no aprecian el sabor del tabaco puro. Lo fumé con bocanadas lentas, mientras esperaba que pasara el tiempo, mientras imaginaba que podría estar haciendo esa bella mujer en un lugar como ese. Me recosté al lado de un árbol a ver como la sociedad se mueve en una noche de lluvia, hombres y mujeres enfrascados en su pequeño mundo de problemas, apurados por el agua que caía cada vez mas fuerte. Pude observar una ventana en el mismo edificio donde había entrado ella, me llamo la atención una silueta delgada, fina, por así decirlo. Las sombras de esa habitación no me permitían estar seguro de la cantidad de gente que allí se encontraba, pero tenía la seguridad que allí estaba ella, la mujer de las caderas hipnotizantes y los tacones musicales.


Terminé mi último cigarrillo del paquete, cuando vi que salia por la misma puerta que cuidaba el hombre que en un error mortal había impedido mi ingreso. Sin pensarlo dos veces, me escondí en las sombras de la calle y decidí seguirla nuevamente, pero esta vez no estaba sola, un hombre flaco y de piel amarillenta la acompañaba. No me importó, la suerte estaba echada, y debía seguirlos. El hombre estaba vestido de blanco, como si los años setentas no fueran capaz de dejarlo atrás, pero ella daba la impresión de no notarlo, o ignorarlo, su falsa sonrisa al tomarlo de la mano parecía más por cortesía que por gusto propio. Los seguí desde la acera contraria, sin perderlos de vista por un segundo, mi mirada estaba fija en la hermosa cabellera de ella, en su figura bien formada y esbelta. el hombre no se daba cuenta de mi persecución nocturna, pero yo estoy seguro que la mujer sabia que yo estaba cerca, acechando. El alcohol se sentía en el aire, y por el andar torpe de él, pude notar que estaba bastante tomado. Pararon en una licorera, ella prendió un cigarrillo, mientras el hombre entraba, tal vez para comprar mas bebida, no lo sé y no me importa, lo único que veía era mi oportunidad. Me acerque a ella con el estúpido pretexto de robarle fuego, olvidando que ya no tenia ni un cigarrillo en mis bolsillos. Ella me miró - ¿Quieres un cigarrillo? - me preguntó, como si pudiera leer mi mente torcida y distorsionada. Acepté sin importar que fueran mentolados, a lo cual me aclaró - Solo tengo de estos, espero no te importe.- Lo prendí, eche dos bocanadas de humo y lo boté disimuladamente. Ella terminó el suyo y volteo a mirar a la tienda, el hombre al parecer se había encerrado en el baño y no daba muestras de querer salir.

- Es la última vez que acepto la invitación de un hombre vestido de blanco - dijo casi para sí misma.

La tomé por el brazo, suavemente, sin decir palabra alguna, ella se dejó llevar sin problema. Caminamos calladamente por la calle, el único ruido que se escuchaba esa noche eran sus tacones al golpear el pavimento capitalino. Llegamos a una calle oscura, donde ella me guió, o esa fue mi impresión, seguimos caminando hasta el final, era una calle sin salida. Sus ojos azules por fin se posaron en los mios, que estaba pensando en ese momento no lo sé. Se acerco y me susurro al oído - Es ahora. - Un golpe seco en mi nuca nubló mi vista por un instante, pero no lo suficiente para no ver de reojo al hombre de blanco. Nos había seguido hasta este punto. Lo comprendí todo. El tipo de la entrada era cómplice, los puso en sobre aviso de mi presencia en las afueras del lugar, la trampa estaba puesta y yo había caído enceguecido por su hermosa figura.


El hombre lanzó otro golpe con algún arma que tenia en la mano, mientras ella se deslizaba por el oscuro callejón. Pero yo ya estaba listo, mis ojos estaban rojos de nuevo. Esquive el ataque instintivamente y hundí con furia en su vientre el frío acero que me acompaña a todas partes. Ese traje blanco pasado de moda no serviría de nuevo. Me encantó sentir la mirada de terror de la mujer congelada a tres metros de la escena, y me deleité sacando el corazón del hombre con mi mano desnuda, por la herida recién abierta en su costado. Todo en menos de 5 segundos, un nuevo record personal pensé. La sangre adornaba el espantoso vestido blanco del hombre, quien observaba incrédulo desde el piso. Su imagen final, fue su cuerpo separado de su propia cabeza, que sostuve por el pelo grasoso, para que observara en primera fila.


La mujer intentó escapar, pero al voltear sus ojos se cruzaron con los mios. Tropezó, el caminar sensual que horas antes me había hechizado se había vuelto torpe por el miedo. Me acerqué a ella, la levante suavemente, mientras acariciaba su pelo largo y rubio, sus ojos aún demostraban la sorpresa de un golpe fallido. Su respiración daba la impresión que se fuera a desmayar de un momento a otro. Intente tranquilizarla pasando mis dedos manchados de la sangre de su compañero por su rostro, mientras mis ojos penetraban esa mirada y una sonrisa se dibujaba en mis labios. La besé, en un beso eterno que quedo inconcluso. Ella intentó escapar, por lo que me vi obligado a arrancarle el brazo por el que la sostenía. En la agonía que sentía, hizo el amago de gritar, pero ya era tarde, su cuello era aprisionado por mi mano. La besé de nuevo, esta vez mordí sus labios, cortando un pedazo del inferior y aspirando su lengua, la cual quedo en mi boca. Su mirada, esa mirada cual tempano, se llenaba de lágrimas de dolor, no pude resistirlo, no quería verla así. Con mis dedos índice y corazón saque sus ojos, azules como el mas bello de los océanos en verano, los admiré por última vez y los guarde en mi bolsillo. En un esfuerzo desesperado se puso de pie y salió corriendo, tropezando con los contenedores de basura y las ratas que se estaban reuniendo alrededor de la sangre. Sus tacones no emitían la misma música rítmica, por lo cual no vi necesidad de verla alejarse. Salté sobre su espalda, con un pie en su nuca y el otro en la región lumbar, tomé una de sus largas piernas y halé hasta despegarla de su cuerpo, repitiendo la misma operación rápida y no tan indoloramente con su otra extremidad. Lo único que quedo intacto fue su pelo, rubio como un girasol primaveral, largo hasta la cintura, pero me llevo el resto, pieza por pieza, sus ojos penetrantes, sus largas y sensuales piernas y el brazo traicionero que me condujo a ese callejón oscuro, donde una trampa orquestada por mortales, nunca bastara para engañar a un demonio.