
Te observo, todas las mañanas mientras caminas sola por el bosque. Te acecho sin que te des cuenta, he aprendido todas tus rutinas, todas tus costumbres, todas tus perversiones. Se que eres un alma pura y eso me ha llevado a la obsesión que siento hoy por tí. En las noches, cuando la única luz existente es la de la luna que se asoma tímidamente por entre las nubes, permanezco alerta, te vigilo, te protejo, te cuido. Soy aquel que anónimamente deja flores silvestres en tu puerta, ese que te regala chocolates cada vez que puede conseguirlos, pues se tu debilidad por ellos. Asomo por tu balcón, estoy a tu lado mientras duermes sin que me notes, siento tu respiración bajo tus sabanas, mientras la mía empaña el frío vidrio de tu ventana. Se que duermes desnuda, aún en las noches de tormenta, cuando el viento sopla y la lluvia golpea tu casa, me encanta. Tienes un lado oscuro, aunque angelical durante el día, puedes ser perversa en las noches, lo noto por tus movimientos durante tus sueños, ansío entrar en ellos, poder convertir los míos en realidad.
Tus labios, rojos como la caperuza que usas, desatan en mi los sentimientos mas carnales, quisiera besarlos, recorrer con mi lengua toda tu boca muy despacio, sentir cada uno de los latidos de tu corazón mientras recorro tu cuerpo con mis garras, respirar lentamente por tu cuello y perderme en tu pelo negro, negro como la penumbra solitaria de mi caverna, mientras te hago el amor durante toda la noche.
Me atormenta que no conozcas verdaderamente a esa mujer a quien llamas dulcemente Abuela, esa anciana que bajo ese manto de ternura esconde un ser realmente malvado, un verdadero demonio, capaz de acabar con el brillo que despiden tus ojos negros. Se de sus intensiones, la he oído hablar constantemente con tu madre, se de los planes que manejan para tu vida, y no voy a permitir que te alejen de mí. El sentimiento que llena de fuego mis entrañas cuando veo que quieren hacerte la esposa de ese cazador mal nacido, aquel que durante décadas ha exterminado a los de mi especie, me lleva a la locura.
No puedo solo observar como te preparan para ser su mujer, debo hacer algo. No voy a dejar que vivas tu vida al lado de otro, sabiendo que eres mía. Se de los tratos que han hecho durante años, se como ella se entregaba a él durante largas noches, sus gemidos se escuchaban desde kilómetros en la soledad silenciosa del bosque. No es posible quedarme quieto sabiendo que él espera poseerte, que desea contaminar tu cuerpo con su presencia, ese cuerpo que se ha mantenido blanco y casto, impoluto de todas las maneras, ese cuerpo que espero sea para mi y nadie más. Estoy dispuesto a arriesgar todo lo poco que tengo, piel, garras y colmillos, por salvarte de ese maldito, ese verdadero lobo con piel de oveja y de su cómplice, la maldita vieja ramera que se esconde tras esas canas. Voy a raptarte, llevarte lejos donde podamos vivir tranquilos, donde pueda hacerte el amor durante horas y horas, donde me pueda convertir en tu esclavo, un lugar lejano, donde aprendas a amarme de la misma forma que yo lo hago. Puede ser una casa con las típicas verjas blancas, rodeada de un camino de arbustos, o tal vez un lugar oscuro y desierto, lejos de todo, para que podamos soltar nuestros deseos mas terrenales, donde pueda hacerte toda una mujer, un lugar privado, solo para nosotros dos.
Quiero que despiertes de ese sueño que te han vendido, ese lavado cerebral planeado desde hace años entre el cazador y tu abuela, quiero que borres de tu mente esa imagen del lobo sanguinario y asesino, para que veas la verdad del asunto y te des cuenta de cual es el malo de la historia. Este lobo esta listo para desbaratar todo el esquema asqueroso que llevan maquinando durante mucho tiempo, tal vez antes de tu nacimiento. Siento ganas de vomitar al imaginarte desnuda a su lado, y él admirando tus senos, aquellos que parecen esculpidos en el mas puro de los mármoles, no puedo dejar que esto suceda.
He decidido acabar con este plan diabólico esta misma noche, ir a enfrentar a esa anciana. Atravieso el bosque lo más rápido que mis patas lo permiten, mientras siento que mi corazón sale disparado por mi boca, impulsado únicamente por el amor que siento por ti, por esa inocencia que veo en tu rostro, guiado por la furia visceral que despierta el imaginarte en el lecho con otro. Durante mi recorrido me imagino a tu lado, abrazándote por siempre, besando esos labios como si no hubiera un mañana, acariciando cada espacio de tu hermoso cuerpo, haciéndote desear que las noches fueran eternas, noches de pasión sin control ni restricciones, donde nuestras almas se conviertan en una sola.
Ya puedo observar a lo lejos la cabaña de la vieja. Las luces están apagadas, y no se escuchan los asquerosos ruidos amatorios que emite en sus encuentros con sus múltiples amantes, por lo visto está sola. Disminuyo el paso para no ser detectado, la luna parece dar su bendición a mis acciones de esta noche, pues se oculta tras unas nubes que cubren de oscuridad la noche. Mi respiración es agitada por el recorrido frenético, la emoción que siento se refleja en mis venas, a punto de estallar por el flujo de sangre, sangre que con gusto derramaré hasta la última gota con tal de salvarte de este destino que han marcado.
Intento calmarme antes de entrar a la guarida de esta bruja, y aunque la he estado vigilando, tengo que estar tranquilo para realizar mi próximo movimiento. Empieza a llover ligeramente, pero a lo lejos observo los rayos de una tormenta, es mejor, así no se escucharan los gritos de la anciana mientras la envío al infierno. El aire toma un aroma peculiar, se percibe la muerte acercándose, ese frío mortal que invade la atmósfera cuando esta por hacerse justicia. Lentamente y sin ruido, abro la ventana que conduce al sótano.
Mojado, me deslizo por ella, dejando un camino de agua por la alfombra del oscuro cuarto y mientras cierro nuevamente mi vía de entrada para no despertar sospechas, observo la decoración inusual de la habitación. Una mesa de madera sobre la cual se ven marcas de arañetazos, correas de cuero dispuestas de forma que podrían asegurar el cuerpo de una persona a la tabla, forzándola a yacer acostada en ella con las piernas abiertas. Cadenas, látigos, falos de madera, máscaras y demás elementos sadomasoquistas confirman mis sospechas, esta mujer no es para nada la tierna abuela que tu crees. No hay muestras de fluidos corporales, por lo tanto sospecho que no han sido utilizados recientemente, eso, o puede ser una obsesionada por la limpieza, pues no se ve polvo en ninguno de los elementos de la habitación. Solo el pensar que esta mujer quiera entregarte al que ha sido su amante en este lugar por tantos años me revuelve el estómago.
La puerta que lleva al primer piso esta cerrada, pero sin asegurar, al abrirla observo que las escalas son en concreto, por lo tanto no me preocupare por el ruido característico de la madera que pueda despertar a "la abuelita" mientras asciendo por ellas. La escalera conduce a la cocina, que a diferencia del sótano, no tiene nada en particular, frascos de conservas en los anaqueles, libros de recetas sobre la mesa, lo usual. Busco la gaveta de los cuchillos, pero no porque quiera usarlos en contra de la mujer, quiero quitarle cualquier posibilidad de defenderse, y un arma en sus manos podría ser un problema. Guardo todos los elementos cortantes en una bolsa que encuentro a la mano y los oculto en el horno, silenciosamente, aunque la lluvia de la noche borra cualquier ruido que pueda hacer por descuido. Observo de reojo la ventana y me parece verte a lo lejos, es mi imaginación. Te he visto caminar tantas veces por el camino que conduce a esta casa por el bosque, envuelta en tu caperuza roja, deseando que te dirigieras a mis aposentos, en vez de a este lugar, donde se respira traición y engaño. Me gustaría tenerte en mis garras en este momento, pero para eso ya habrá tiempo, tiempo para amarte. Por ahora debo concentrarme en mi misión.
Camino por el pasillo que me lleva a la habitación principal, la lluvia arrecia cada vez más, y temo que la vieja se despierte y reaccione a mi visita. Abro la puerta lentamente, pensando que voy a hacer cuando la vea, pero mi reacción no es la que esperaba. Allí esta ella, duerme profundamente, sus ronquidos eran imperceptibles por el ruido de la tormenta, al verla desde tan cerca no parece la mujer malvada que ha fraguado durante años la entrega de su nieta al cazador, incluso siento por un leve momento que lo que estoy por hacer no es lo correcto, pero nuevamente te imagino siendo besada por esos labios y mis dudas se despejan. Podría morderle el cuello en un instante y dejarla desangrar, pero temo que si tú ves esa imagen, no podrías sacarla de tu mente. No, no quiero que sufras, te amo tanto que no quiero contaminar tus recuerdos con la sangre de esta anciana. Tomo una almohada que está en el piso, al lado de su cama y aprisiono su cara con ella. Sus manos se mueven erráticamente, confundida por la sensación de ahogo. Nunca había matado a nadie por motivos diferentes a comida o defensa de mi territorio, el sentir una vida que se escapa por mis manos es algo horrible, pero cuando se que es para que podamos estar juntos no lo dudo. No puedo impedir que las lágrimas salgan de mis ojos. Mantengo la presión hasta que deja de moverse, pero aun después que han terminado sus espasmos, no soy capaz de retirar la almohada. No quiero verla, su cara debe ser una imagen espantosa. Si soy un lobo, pero no soy un ser sediento de muerte y sangre. Envuelvo su cuerpo en las sabanas, con cuidado de no ver su expresión por error.
Mientras cargo su cadáver me veo en un espejo y me sorprendo llorando. La lluvia esta finalizando su caída, debo apresurarme para enterrar a la mujer aprovechando que la tierra afuera esta mojada. Salgo por la puerta principal, mirando a todos lados, los nervios no pueden apoderarse de mí en este momento, no cuando he logrado detener ese destino cruel que te esperaba. Mientras entierro el cuerpo no puedo dejar de pensar en ti, Caperuza, en como algún día podremos estar juntos, enseñarte el amor que por ti siento. Imágenes pasan por mi cabeza, amanece y pronto vendrás a mí, como todos los sábados, caminando sensualmente por ese camino empedrado, con tu canasta de regalos para tu ahora difunta abuela, que cargabas sin saber lo que ella esperaba hacer contigo. Las aves del bosque cantan, anunciando la salida del sol, y aunque la tormenta fue bastante fuerte, no se siente frío, al contrario, una calida brisa recorre el lugar.
Vuelvo a entrar a la casa, cuidando no ensuciar nada, no quiero dejar huellas de mi presencia para el momento de tu llegada. Camino nuevamente hacia la habitación principal, busco en los armarios sabanas nuevas para arreglar la cama, al abrir los cajones encuentro gran cantidad de juguetes sexuales de la abuela, de verdad la mujer sabía como disfrazarse para engañar tus ojos. Estoy seguro que cuando te regalo tu capa roja lo hizo para satisfacer las fantasías fetichistas del cazador, a quien te prometió hace años. Encuentro unas sabanas de seda blancas, con las cuales ordeno la cama y me acuesto en ella para esperarte. Por fin vas a conocer la verdad y estaremos juntos para siempre.
Ya ha amanecido, y si tus costumbres son las mismas que he venido observando desde hace largo tiempo, debes estar por llegar. Arropo mi cuerpo cuidando no dejar ninguna parte al descubierto, pues quiero hablar contigo y explicarte la historia completa sin que me veas, para que entiendas mis argumentos y comiences a enamorarte de mí de una vez por todas y para siempre. Te he salvado niña, te he salvado. Escucho tus pasos acercándose por el camino de grava, lentos, seguros, alegres y excitantes. Estoy seguro que cargas la canastilla en tu antebrazo izquierdo, mientras buscas las llaves en el bolsillo derecho de tu caperuza roja. Oigo como giras el seguro de la puerta y temo que los latidos de mi corazón me delaten. Abres la puerta, siento como tu presencia calida llena la casa de paz y amor, tu pureza es lo que me ha enamorado. Mientras dejas la canasta en la cocina, mi respiración se acelera, siento que me ahogo bajo estas sabanas. El tiempo parece congelarse, es una eternidad el camino hacia la habitación, falta poco para que seamos uno y la espera es interminable. Entras a la habitación y esta se llena con tu aroma, ese aroma a flores silvestres, a vainilla, es el verdadero aroma de una diosa.
-Abuelita, buenos días, te he traído lo que tanto te gusta, lo he dejado en la cocina como siempre. ¿Como siguió tu asma?
-Bien Caperuza, ya estoy mejor, pero siéntate a mi lado, tengo algo muy importante que decirte.- Finjo la voz lo mejor que puedo y la emoción de tenerte cerca me hace temer que voy a delatarme antes de tiempo. Siento como obedeces y te sientas junto a la cama, es casi imposible luchar contra el impulso de salir de mi escondite y besar tu boca.
-¿Que tienes que decirme?, abuela, me estas poniendo nerviosa. Y me estas mintiendo, tu asma no ha mejorado, tu voz se oye peor que nunca.
Me has descubierto, estoy seguro, pero tengo que hacerlo lo mejor posible para que me creas.
-¿Conoces al cazador que frecuenta mi casa? Tu madre y yo te hemos comprometido con él, van a casarse muy pronto.
-Abuela, no es justo, él es mucho mayor que yo, no podría vivir con alguien así. Además, estoy enamorada de alguien más.
Escuchar eso de tus labios paró mi corazón. ¿Quien es ese hombre? Es imposible, si conozco todos tus movimientos, no es cierto, debes estar mintiendo, Caperuza dime que es una mentira, que lo que acabo de escuchar no es cierto, Caperuza, yo soy quien te ama y tu me vas a amar cuando me conozcas.
-¿Como que estas enamorada de otro hombre? ¡¡¡Exijo de inmediato que me digas quien es!!!
-Es extraño, puede que sea una fantasía, pero desde hace bastante tiempo me siento observada en todo momento, siento que nunca estoy sola. A mi puerta constantemente llegan flores y chocolates. En las noches se que hay alguien que me acompaña, me vigila, me cuida, y secretamente me desea...
El oír esto me congeló aún más, como es posible que supieras que existo, como pudiste darte cuenta de este lobo que te ha amado en silencio durante tanto tiempo.
-Es imposible, no puedes amar a nadie más, es... es.....
-Es cierto, lo amo como se que él me ama. Como se que tú me amas. Lobo, sal de ahí, quiero verte por fin, quiero ver la cara de aquel que mató a mi maldita abuela para salvarme. Lo se todo....
He muerto, mi corazón no bombea mas sangre, es eso y lo que estoy oyendo no es cierto. Con la respiración contenida y los ojos cerrados, retiro las sabanas de seda blancas, para admirarte por primera vez de cerca, ver tu rostro de ángel, ver tus labios rojos, ver tu pelo negro, mirarte a los ojos y decirte te amo frente a frente, pero al abrir los ojos lo que veo sobrepasa cualquier sorpresa. Estas sentada frente a mí, con las piernas cruzadas de la manera más sensual que he visto en mi peluda vida, desnuda, cubierta solamente por la caperuza roja, tus senos perfectos sobresalen ligeramente por la abertura de la prenda. Nunca había visto la perfección cara a cara y no puedo dar crédito a mis ojos.
-Lo se todo, Lobo, lo se todo. Mi mamá confesó hace un tiempo, ella me dijo lo que mi abuela pensaba hacer y desde entonces he estado alerta a tus movimientos.
-Pero como, es imposible que supieras que he estado cerca, nadie se pudo haber dado cuenta.
-No seas idiota, subestimas la percepción de una mujer. Desde que era una niña me he dado cuenta que me persigues, he visto todo lo que haces por mi, como me observas en las noches, como cuidas de mi en esos largos paseos por el bosque, por eso siempre camino por el mismo sitio, recorriendo los mismos pasos, esperando que me veas, me desees como yo te deseo ahora. Por eso he dormido desnuda desde hace años, sin importar el frío de la noche. Te he soñado desde hace tiempo, de igual forma que tú lo has hecho y ahora estaremos juntos...
Acércate a mi cuerpo Caperuza, deja que por fin pueda tenerte, regálame esos labios, déjame tocarte completamente, permíteme amarte como siempre lo he soñado.
Boom.... boom... dos cañonazos, dos ensordecedores disparos fueron lo ultimo que escuche, y mi ultima imagen fue ver desvanecerse el brillo de los ojos de Caperuza. El cazador la había seguido, cansado de la espera había ideado atacarla esa mañana en el bosque, hacerla suya de una vez por todas, pero había esperado que saliera de la casa de su abuela. Al ver la demora de mi amada, entró silenciosamente y escucho toda nuestra conversación. La primera bala destrozo su vientre desnudo, al igual que mi corazón, pude sentir como se detenía al verla morir. La segunda partió mi cráneo en dos, pero ya no importaba, en menos de un segundo había perdido la mujer que en silencio había amado durante tanto tiempo.