domingo, 8 de febrero de 2009

Libertad desde el infierno.






Observo mis manos en la penumbra, con una luz casi inexistente proveniente de una fuente que no puedo ubicar luego de la agitación del momento, las limpio con rapidez para volver a ponerme alerta. Esta vez he corrido con suerte, las heridas en mi pecho no son nada graves pero dejaran una marca, una marca más a la cuenta de infinitas cicatrices que recorren mi cuerpo, que recorren mi alma. Mi corazón esta acelerado, aun puedo sentir la adrenalina recorriendo mis venas y aunque mis piernas tiemblan siento el placer que solo puede provenir de haber sobrevivido.

Volteo sobre mi hombro y noto que aun se mueve, no se si por piedad o por maldad pura pero me acerco para ver su mirada por una ultima vez, quiero ver como esa masa deforme abandona este planeta. Sus abundantes ojos me devuelven el odio en un solo instante, ese odio que solo se puede sentir en este lugar, el lugar a donde he pertenecido desde siempre, el único que he conocido, ese lugar oscuro con aroma a muerte en cada rincón. Por un momento me gustaría evitar lo que estoy a punto de hacer, pero mis instintos me guían, con un movimiento lento y seguro pongo mi pie sobre lo que debería ser su rostro si a eso se le puede dar ese nombre y me dispongo a terminar mi trabajo. Al pisar puedo sentir como su respiración llega al final y un liquido cálido y pegajoso se desliza entre mis dedos, no puedo ocultar esbozar una sonrisa, ese sentimiento de tranquilidad que siento cada vez que sobrevivo al infierno.



Continuo mi camino sin bajar la guardia, no es un trecho fácil, en cada esquina puedo sentir como sus miradas quieren herirme y la constante paranoia empieza a darme un dolor de cabeza crónico. Ya puedo ver la puerta que me llevara al mundo real, al mundo humano, donde podré por fin dejar de correr por mi vida y ocupare un lugar diferente en la cadena alimenticia espiritual. Dejare de ser la presa y me convertiré en el cazador, te acecharé en cada callejuela oscura, en cada rendija sin vigilancia, me meteré en tus sueños y te atormentare cada noche hasta que logre hacerte perder el sentido. En un solo instante me venderás tu alma y no te habrás dado cuenta de lo que has hecho.



Estoy a muy pocos pasos de mi libertad cuando siento un dolor increíble en uno de mis brazos. Me han atrapado. Mi sangre oscura y espesa corre acelerada por los latidos de mi corazón. Cae sobre mi cuello el pesado aliento de aquel que en un abrir y cerrar de ojos quiere impedirme lograr mi objetivo mientras arranca una porción generosa de mi carne. Mis ojos se nublan por un instante y creo que estoy a punto de desmayarme, pero no me puedo rendir en este momento, no estando tan cerca, no cuando mi obsesión de provocarte pesadillas por toda la eternidad esta a punto de hacerse realidad. No, esta vez lo voy a lograr. En medio del forcejeo me doy cuenta de su punto débil y alcanzo a girar para lanzarlo contra una de las paredes de este laberinto carente de luz. Con un golpe seco introduzco una de mis largas uñas en su órbita ocular y arranco ese único ojo con el que atravesaba mi alma, a la vez que rasguño su vientre para dejar expuestas sus entrañas al frío de la noche. Esta hecho, lo he asesinado y finalmente voy a salir de este infierno, por fin voy a poder encontrarte en tu propio mundo.



El portal es un lugar muy iluminado, demasiado para mi gusto, mis ojos no se acostumbran a ese brillo desconocido para alguien que lleva una eternidad viviendo en las tinieblas.A medida que me acerco puedo sentir ese mundo extraño en el que tu vives, percibo tu aroma y me da fuerzas para atravezar de una vez por todas y sin ningún miedo a lo que me espera. Quien debe sentir miedo eres tú, porque ya estoy cerca y una vez encuentre tu rastro, no podrás hacer nada, no tendrás escapatoria, te convertiras en mi primera victima del mundo mortal y por eso, la mas especial.