viernes, 27 de marzo de 2009

Pieza por pieza


Cuando la vi por la calle, fue una atracción animal. Sus largas piernas pisaban con seguridad en el suelo mojado por la lluvia nocturna, se contoneaba como seduciendo al aire mismo. Sus caderas, con el ritmo del péndulo de un reloj, se balanceaban de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como si su intención fuera hipnotizar a quien venia caminando detrás de ella, y lo había logrado. La seguí por un tiempo extenso, mientras sus tacones rompían el silencio de la noche, mis pensamientos daban rienda suelta al admirar su largo cabello rubio, quería saber donde iba a llevarme esta nueva aventura, si así podría llamársela, o si por el contrario, iba a terminar como la mayoría de mujeres que observo en la calle. Sin percatarme, íbamos en la misma dirección, como si los lazos del destino quisieran que nuestros caminos se encontraran en algún punto.

Observe como entraba por esa puerta estrecha y oscura, saludando al mal encarado portero de turno con un gesto algo perverso, y por primera vez en esa larga caminata, pude ver el brillo de sus ojos al reflejo de las escasas luces de la calle. Su mirada helada como el mismo techo del mundo, me hizo sentir a las puertas de la muerte por un instante, como si ese gesto estuviera dirigido a mi. Apure mi paso, sentí un mórbido retorcijón en mi estomago que me impulsaba a seguirla por esa puerta de rejas metálicas, oxidadas y sucias, cuando sentí una mano fuerte que me impedía el paso. El maldito guardián de la entrada me cortaba el vuelo, un malandrín con una cortada que atravesaba su mejilla izquierda y un asomo de barba que intentaba ocultar su miedo al pronunciar estas palabras -No puede seguir, esta es la entrada para las mujeres. - Me estaba preparando para apartar su mano de un golpe seco, cuando creo que vio mis intenciones y se alejó dos pasos. De haber seguido mis instintos, habría perdido la oportunidad de volverla a ver, así que le di la espalda y seguí mi camino. Esta noche no cobraría la ofensa, ya llegaría su tiempo.


Encendí un cigarrillo sin filtro, siempre he creído que los mentolados son para débiles mentales, que quieren aparentar una falsa seguridad y no aprecian el sabor del tabaco puro. Lo fumé con bocanadas lentas, mientras esperaba que pasara el tiempo, mientras imaginaba que podría estar haciendo esa bella mujer en un lugar como ese. Me recosté al lado de un árbol a ver como la sociedad se mueve en una noche de lluvia, hombres y mujeres enfrascados en su pequeño mundo de problemas, apurados por el agua que caía cada vez mas fuerte. Pude observar una ventana en el mismo edificio donde había entrado ella, me llamo la atención una silueta delgada, fina, por así decirlo. Las sombras de esa habitación no me permitían estar seguro de la cantidad de gente que allí se encontraba, pero tenía la seguridad que allí estaba ella, la mujer de las caderas hipnotizantes y los tacones musicales.


Terminé mi último cigarrillo del paquete, cuando vi que salia por la misma puerta que cuidaba el hombre que en un error mortal había impedido mi ingreso. Sin pensarlo dos veces, me escondí en las sombras de la calle y decidí seguirla nuevamente, pero esta vez no estaba sola, un hombre flaco y de piel amarillenta la acompañaba. No me importó, la suerte estaba echada, y debía seguirlos. El hombre estaba vestido de blanco, como si los años setentas no fueran capaz de dejarlo atrás, pero ella daba la impresión de no notarlo, o ignorarlo, su falsa sonrisa al tomarlo de la mano parecía más por cortesía que por gusto propio. Los seguí desde la acera contraria, sin perderlos de vista por un segundo, mi mirada estaba fija en la hermosa cabellera de ella, en su figura bien formada y esbelta. el hombre no se daba cuenta de mi persecución nocturna, pero yo estoy seguro que la mujer sabia que yo estaba cerca, acechando. El alcohol se sentía en el aire, y por el andar torpe de él, pude notar que estaba bastante tomado. Pararon en una licorera, ella prendió un cigarrillo, mientras el hombre entraba, tal vez para comprar mas bebida, no lo sé y no me importa, lo único que veía era mi oportunidad. Me acerque a ella con el estúpido pretexto de robarle fuego, olvidando que ya no tenia ni un cigarrillo en mis bolsillos. Ella me miró - ¿Quieres un cigarrillo? - me preguntó, como si pudiera leer mi mente torcida y distorsionada. Acepté sin importar que fueran mentolados, a lo cual me aclaró - Solo tengo de estos, espero no te importe.- Lo prendí, eche dos bocanadas de humo y lo boté disimuladamente. Ella terminó el suyo y volteo a mirar a la tienda, el hombre al parecer se había encerrado en el baño y no daba muestras de querer salir.

- Es la última vez que acepto la invitación de un hombre vestido de blanco - dijo casi para sí misma.

La tomé por el brazo, suavemente, sin decir palabra alguna, ella se dejó llevar sin problema. Caminamos calladamente por la calle, el único ruido que se escuchaba esa noche eran sus tacones al golpear el pavimento capitalino. Llegamos a una calle oscura, donde ella me guió, o esa fue mi impresión, seguimos caminando hasta el final, era una calle sin salida. Sus ojos azules por fin se posaron en los mios, que estaba pensando en ese momento no lo sé. Se acerco y me susurro al oído - Es ahora. - Un golpe seco en mi nuca nubló mi vista por un instante, pero no lo suficiente para no ver de reojo al hombre de blanco. Nos había seguido hasta este punto. Lo comprendí todo. El tipo de la entrada era cómplice, los puso en sobre aviso de mi presencia en las afueras del lugar, la trampa estaba puesta y yo había caído enceguecido por su hermosa figura.


El hombre lanzó otro golpe con algún arma que tenia en la mano, mientras ella se deslizaba por el oscuro callejón. Pero yo ya estaba listo, mis ojos estaban rojos de nuevo. Esquive el ataque instintivamente y hundí con furia en su vientre el frío acero que me acompaña a todas partes. Ese traje blanco pasado de moda no serviría de nuevo. Me encantó sentir la mirada de terror de la mujer congelada a tres metros de la escena, y me deleité sacando el corazón del hombre con mi mano desnuda, por la herida recién abierta en su costado. Todo en menos de 5 segundos, un nuevo record personal pensé. La sangre adornaba el espantoso vestido blanco del hombre, quien observaba incrédulo desde el piso. Su imagen final, fue su cuerpo separado de su propia cabeza, que sostuve por el pelo grasoso, para que observara en primera fila.


La mujer intentó escapar, pero al voltear sus ojos se cruzaron con los mios. Tropezó, el caminar sensual que horas antes me había hechizado se había vuelto torpe por el miedo. Me acerqué a ella, la levante suavemente, mientras acariciaba su pelo largo y rubio, sus ojos aún demostraban la sorpresa de un golpe fallido. Su respiración daba la impresión que se fuera a desmayar de un momento a otro. Intente tranquilizarla pasando mis dedos manchados de la sangre de su compañero por su rostro, mientras mis ojos penetraban esa mirada y una sonrisa se dibujaba en mis labios. La besé, en un beso eterno que quedo inconcluso. Ella intentó escapar, por lo que me vi obligado a arrancarle el brazo por el que la sostenía. En la agonía que sentía, hizo el amago de gritar, pero ya era tarde, su cuello era aprisionado por mi mano. La besé de nuevo, esta vez mordí sus labios, cortando un pedazo del inferior y aspirando su lengua, la cual quedo en mi boca. Su mirada, esa mirada cual tempano, se llenaba de lágrimas de dolor, no pude resistirlo, no quería verla así. Con mis dedos índice y corazón saque sus ojos, azules como el mas bello de los océanos en verano, los admiré por última vez y los guarde en mi bolsillo. En un esfuerzo desesperado se puso de pie y salió corriendo, tropezando con los contenedores de basura y las ratas que se estaban reuniendo alrededor de la sangre. Sus tacones no emitían la misma música rítmica, por lo cual no vi necesidad de verla alejarse. Salté sobre su espalda, con un pie en su nuca y el otro en la región lumbar, tomé una de sus largas piernas y halé hasta despegarla de su cuerpo, repitiendo la misma operación rápida y no tan indoloramente con su otra extremidad. Lo único que quedo intacto fue su pelo, rubio como un girasol primaveral, largo hasta la cintura, pero me llevo el resto, pieza por pieza, sus ojos penetrantes, sus largas y sensuales piernas y el brazo traicionero que me condujo a ese callejón oscuro, donde una trampa orquestada por mortales, nunca bastara para engañar a un demonio.


jueves, 19 de marzo de 2009

Ira





Comienzo por este, debido a que es el mas cercano a mi ser interior. No soy capaz de exteriorizarlo sin explotar completamente, pero me libera ese sentimiento de destrucción que llena mi cuerpo en el momento justo. Siento como mi corazón avanza galopante hasta el punto de pensar que podría salir disparado por mi pecho. Mis ojos se llenan de odio, mis manos se tensan hasta producir dolores en mis propios huesos. Es hora de acabar con todo. Desde el mas mínimo movimiento fuera de lugar, una mirada, un respiro, ese personaje a mi lado en el transporte público, ese que se sienta a mi lado vulnerando mi espacio vital. No puedo soportarlo!!



Estos ataques de furia me llevan a pensar si hay algo mal en mi, si esa intolerancia es alguna enfermedad mental encargada de destruirme poco a poco, pero llego a una conclusión luego de reflexionarlo, en mi ser no hay nada malo, esa supuesta enfermedad inexistente no me hace ningún daño, al contrario, esa ira que se alimenta de mis entrañas me hace mas fuerte, que me quita horas valiosas de vida puede ser cierto, pero intensifica cada sensación, cada momento. La ira se ha convertido en una droga que no puedo abandonar, el vicio que ocupa mi pensamiento la mayoría del tiempo. Me libera, insisto. Me libera de esa responsabilidad de entender las actitudes de muchas personas, esa estupidez reinante en algunos seres que no pueden considerarse mas que bestias dotadas del don de la palabra. No les doy el calificativo de animales, puesto que con ellos me llevo mejor, tal vez porque compartimos los mismos instintos viscerales. Estoy cansado de tanta campaña de tolerancia, de entender al vecino, de ponerme en sus zapatos. Me enferma tener que soportar la existencia de aquel ser que me roba aire, que ocupa mi espacio, que absorbe la luz que esta destinada para mi, que me proyecta ese calor enfermizo cuando esta cerca.



Solo quiero destruir todo lo que esta cercano, mi respiración aumenta de frecuencia y mi aliento sube de temperatura, siento como mis manos empiezan a sudar de nuevo, con esa impaciencia, me siento confundido, indeciso, una ansiedad llena mi estomago, de la misma manera cuando oyes una noticia que involucra a esa persona especial. Tengo que descargar mi ira en un golpe mortal, la decisión esta en permitir que ese sentimiento me acabe por dentro o sacarlo en un solo estallido. Mi cuerpo empieza a doler, tengo que rascarme, arrancarme trozos de piel desesperado por dejar salir esa energía, debe ser lo mismo que siente un guerrero cuando sabe que su enemigo esta cerca y se prepara para atacar, lo mismo que experimenta un depredador antes de saltar al cuello de su presa. Quiero vomitar, no puedo resistir por un segundo mas el calor, la tensión en mis músculos se hace cada vez mas insoportable. La ira me esta consumiendo nuevamente. Tal vez esta vez lo haga de una vez por todas, mis venas exploten por fin y la muerte toque las puertas de mi alma, terminando con esta existencia.


No quiero, me niego a abandonar esa ilusión de no amanecer, me niego a reprimir esa sed de dolor, me niego a ser el maldito mortal que espera la sociedad. Si mi furia me ha de conducir a la muerte, que asi sea, pero no me ire solo. Algun infortunado que se ha de cruzar en mi camino llevara la peor parte. La ira me dara la fuerza para llevarlo al sufrimiento y asi, en ese momento, podre descansar por fin.

domingo, 1 de marzo de 2009

Doble Vida

-Hola, como estas?

-Ernesto, como crees que estoy después de lo que paso anoche?

-Susana, no paso nada que no quisieras que pasara...

-Pero sabes que soy una mujer casada... estoy arriesgando mucho.

-Oye, desde un comienzo te puse las cosas claras, sabias como eran las acciones conmigo y te pareció bien, ahora no vengas con arrepentimientos ni mojigaterías.

-Si, pero no puedo dejar de pensar en mis hijos.

-Pude notarlo, vi que tus movimientos anoche estaban algo erráticos, sin embargo lo hiciste muy bien Susana. Tu cuerpo es muy hermoso, una de las razones para escogerte. Bajo esas luces podía ver como tus piernas se movían hipnotizantes.

-No digas eso, se cuando estás mintiendo.

-Te estoy diciendo la verdad, a pesar de la presión del momento, lo hiciste excelente. Puedo recordar perfectamente como sudabas, tu respiración, las miradas, todo... me gusto mucho lo que vi anoche. Alcanzó a excitarme un poco. Se que a tí también, algo.

-Ernesto, no quiero hablar de eso ahora. No creo ser capaz de volverlo a hacer.

-Eres muy buena, lo note la primer noche que estuve contigo. Estas destinada para este trabajo. Casi ninguna de las mujeres que han pasado por mis manos resaltan con tal sensualidad como lo haces tú.

-Pero no sé si quiera continuar, es muy difícil siendo quien soy.

-Susana, no me gusta decirte esto, pero ya lo hiciste una vez, no puedes salirte. Empezaste un camino que no puedes dejar de andar. Ese punto sin retorno que te lleva tan lejos que se pierde en el horizonte.

-Eso es imposible, no estaba consciente de eso anoche. Lo que hice estuvo mal, no es lo que quiero hacer por el resto de mis días.

-¡¡No mientas mujer!! Te dije todo desde antes, vi tu potencial, sabia de lo que eras capaz de hacer. Te explique lo básico, te lleve de la mano. ¡¡Ahora no me salgas con remordimientos estúpidos!! Este no es el maldito momento...

-¡No me grites! Sabes como odio que hagas eso. Entiendelo, soy una mujer casada, tengo hijos. No se como reaccionaria Ricardo donde se enterara de esto. Creo que ya está comenzando a sospechar algo, por tus llamadas, por las continuas reuniones hasta altas horas de la noche, no puedo ocultarle esto mas tiempo. Además, mi cuerpo esta lleno de moretones, no todos son tan dóciles, con algunos me toca ser mas agresiva de lo normal.

-Son cuestiones del trabajo y tú lo sabes. Has mejorado sustancialmente, incluso ya no tengo que estar pendiente de lo que haces, pronto vas a trabajar por tu cuenta, sabes lo que eso puede significar en estos momentos.

-Ernesto, déjame salir de esto, te lo suplico. No puedo esconderle esto a mi familia por mas tiempo, siento que estoy poniendo en riesgo a mi esposo y a mis hijos...

-Por eso mismo estás haciendo esto, por tu familia, por darles un futuro seguro a tus hijos. Compréndelo de una buena vez, las cosas no pueden continuar como son, es nuestra responsabilidad...

-¡¡Ernesto, pero era tan solo un niño!! No creo que fuera mayor que mi hijo... Me sentí como una basura humana haciéndole eso. Lo peor es que tu estabas mirando ¡¡Y no hiciste nada para detenerme!!

-Si Susana, estuve mirando, estuve disfrutando todo lo que hiciste anoche. Pero no porque sea un vouyerista o un depravado, no, lo hice para saber si eras capaz. Lo hice para estar seguro que no tendría que matarte. Si, así como lo oyes, en ese momento, cuando estabas con ese chico, de no haber hecho el trabajo, habría tenido que matarte.

-Lo habrías hecho, verdad. Me habrías matado sin pensarlo dos veces.

-Sabes que yo no puedo mentir. Si Susana, te habría matado, así como lo he hecho miles de veces, por siglos he caminado este mundo haciendo lo mismo, noche tras noche, día tras día. Recuerdalo mujer, no soy humano, es mi trabajo y lo disfruto con lo que me queda de alma.

-Si, olvidaba que eres uno de ellos...

-¡¡¡¡¡FUI UNO DE ELLOS!!!!! No lo olvides mujer, que te quede claro. Lo que has aprendido de ellos es gracias a mí. Ese chico al que le cortaste el cuello anoche no era humano. Ese chico era un demonio, tal como lo fui yo. Lo que haces es para salvar a tu familia, para salvar a tu mundo decadente infestado de engendros. Ese chico merecía sufrir más, merecía que sus ojos fueran arrancados como lo fueron, merecía sentir el sabor de su propia sangre pútrida y maldita llenar su boca. Susana, ten presente que depende de tí, depende de mí, de ambos.

-Pero Ernesto, yo soy una mujer común y corriente, no puedo abandonar mis sentimientos humanos, es imposible que...

-¿Humanos? Lo que yo vi anoche no fue de humanos, vi como fingiste dejarte seducir por el muchacho, como recibiste sus tragos y los bebiste uno tras otro sin importar lo fuertes que fueran. Estuve presente cuando lo besaste con falsa pasión de una quinceñera inocente. Observe desde las sombras de ese antro como lo llevaste detrás del callejón con la excusa de darle una mamada. Vi desde tu interior como lo mirabas a los ojos fijamente, sin parpadear, mientras con el acero de la daga que te regale cortabas su vientre, sentí como te calentabas por dentro cuando cayó al suelo en una agonía indescriptible causada una y otra vez por las estocadas del puñal. Si Susana, yo estuve presente en tu mente en esos momentos y puedo decir que gozaste asesinando a ese cuerpo joven de 20 años, puedo decirte que en un momento sentí ese mismo orgasmo que experimentaste al arrancar de su pecho su corazón aún latiendo, porque sabías que no era un humano. Era un demonio con la intención de beber de tus pechos en una orgía de placer, y que eso lo llevo a su perdición. Susana, recuerdalo, era un demonio y tu trabajo es terminar con los que más puedas, o morir si bajas la guardia. Abre los ojos o prepárate a tener un final parecido al que sufrió ese ser asqueroso la noche anterior.

-Lo sé Ernesto, es mi trabajo. No lo solicité pero es mi responsabilidad. Gracias por hacerme entrar en razón. Ahora cállate y bésame....