lunes, 13 de abril de 2009

Gula















No es el apetito desmesurado por la comida, no, es el exceso de hambre hacia una persona, el deseo incesante de estar junto a ella, la dependencia, el vicio. De solo pensar en ella sentir como sudan las manos y el estomago se revuelve. De solo imaginar perderla, los ojos se cierran y ven la muerte.

Es absorber su tiempo, absorber su espacio, absorber su libertad... absorber su alma. Esa es la verdadera gula, la que impide separarse, la que no permite sostener un pensamiento sin ver su cara, la necesidad de hablar, de oír su voz, la sed por una mirada, por una sonrisa, por un beso distante.

Es ahogar toda posibilidad de separación, es terminar con toda individualidad. Alimentar la manía hasta el punto de la saciedad, sentirse enfermo y nauseabundo de su sabor, pero seguir deseándolo. Cuando no es posible calmar la obsesión y es necesario agotar su fuerza vital, acechando cada minuto, cada instante, llegar a los limites de la sanidad y atravesarlos de un solo empujón.

Aspirar su aroma en cada respiro, inyectarse de su presencia como un junkie a su dosis diaria de heroína, y padecer la abstinencia cuando no es posible conseguir un poco de su vida. Esa es la gula, la sed por un alma. Es el caminar necesitando desesperadamente algo que recuerde a ese ser, mas que alimento físico, es alimentar la dependencia hacia alguien, que así se vea satisfecha por breves momentos, siempre se generara mayor necesidad, una necesidad enfermiza, una necesidad de besar, de acariciar, de desgastar su piel contra la propia, de ver su ultimo suspiro antes de caer dormida. Y aun así, entrar en sus sueños, estar en cada segundo de sus pensamientos.

La gula, no se satisface hasta que uno de los dos muere, y si sigo escribiendo estas lineas, ¿Quien piensas tu que ha sido la víctima?

martes, 7 de abril de 2009

La Caminata Final del Centauro.


Esta es tu noche, fiel amigo, en el frío invierno te encuentras solo. Sientes en tu pecho desnudo el correr de la brisa, hueles el aroma de la ultima flor que ha sobrevivido y hoy se marchita.
Fuiste un guerrero, Poderoso Centauro, pero tus días en este mundo se acercan al ocaso. Recorres alumbrado por la tímida luz de la luna, el sendero final, con la frente en alto, recordando tiempos pasados.
Tus pasos, ahora cansinos, no son ni la sombra del majestuoso galopar de aquellas épocas, pero con orgullo exhibes las marcas en tu cuerpo de tiempos difíciles, batallas ganadas y batallas perdidas. Sientes el respiro de La Muerte cabalgando a tu lado, esa misma que en otros momentos veías desde lejos y de quien te burlabas con desprecio, es ella ahora, quien piadosamente posa su mano en tu hombro y te reconforta.
Pasan por tus ojos las imágenes de tus amigos, a quienes viste caer antes que tú, de tus amantes, a quienes ofreciste gustosamente parte de tu alma, de tus enemigos, a quienes les tendiste misericordia y trataste con respeto.
Este bosque, que defendiste y protegiste, es testigo de tu respirar lento y difuso, pero te niegas a parar tus pasos, estas aguas, de las cuales bebiste para saciar tu sed, te dan las fuerzas para seguir adelante.
Estas solo Amigo Centauro, lo sabes y te duele. Lloras de nostalgia, pues tu tiempo esta terminando, la antigua energía de los dioses se acaba. Se acaba, y reconociendo tu mortalidad, suspiras.
Tensas tu arco, aquel que fuera tu arma y herramienta, con el cual venciste y conquistaste, por una última vez. Pero ahora no tienes un objetivo, aquel disparo certero legendario se ha esfumado. A duras penas puedes ver. Has envejecido.
Lanzas la flecha final, esta vez hacia el horizonte y sin rumbo fijo. La sientes volar, libre, como lo fuiste algún día, y sabes que cuando esta caiga, habrás encontrado tu lugar de reposo.
Fuiste impetuoso e impulsivo Gran Centauro, fuiste joven. Ahora eres sabio y paciente, eres viejo. Has sobrevivido por tantos años, has aprendido y madurado, has reído y has llorado. Has vivido.
Tus manos, manchadas y arrugadas, que ayer te permitieron acariciar a tu amada, hoy te duelen como marca de tus años. Lentamente, estas muriendo.
Caes junto a tu flecha clavada sobre el prado, agotado, tras sobrellevar el peso de tu mundo por muchas generaciones, con el corazón destrozado, consciente que eres el último de tu raza. Mueres, en tu mente los recuerdos claros, en tu cuerpo las cicatrices forjadas en la carne, bajo tus cascos los caminos recorridos.
El latido en tu corazón cesa, pero te reconforta saber, que al cruzar las puertas que conducen a la otra vida, no estarás más solo, y esperas encontrarte nuevamente con aquellos a quienes regalaste parte de tu amor desinteresado. Esta noche, formaras parte de un nuevo mundo, sera un renacer, acompañado por familia, amigos y amantes. Descansa hoy, Oh Valiente Centauro, que tu memoria nos acompañara eternamente y cuando sea mi turno, espero que cabalguemos juntos de nuevo.