
Hoy me encuentro como tantas otras veces, sentado con el vaso vacío. Los reflejos en mi botella a punto de acabar me recuerdan tus ojos, inexpresivos en diferentes momentos, pero llenos de fuego la mayoría del tiempo. Mientras escucho las notas de Willie Colón y su gitana recuerdo muchas cosas, algunas buenas otras no tanto, pero igual recuerdos. Sirvo el último trago de whiskey lentamente, observando como el liquido llena el vaso. Mi mente ya confusa por el licor y por mis pensamientos entorpece mis movimientos, mis manos temblorosas derraman unas gotas de alcohol amarillas sobre la mesa, justo al lado derecho de tu foto, y aunque es la única que tengo ya no quiero observarla más. Pongo nuevamente la misma canción para inundarme otra vez con memorias, negandome la posibilidad de derramar aunque sea una lágrima, pues si mi tristeza es el sentimiento dominante, prefiero sonreír una última vez al tiempo de encender el cigarrillo que detendrá definitivamente mi corazón.
Formo figuras con el humo del cigarro, aspirando una y otra vez, intentando dejar de pensar, y el dolor de cabeza empieza a desaparecer finalmente, pero mis manos se entumecen mientras hecho mis ultimas bocanadas. El veneno está haciendo efecto, mi mirada se hace nublada y mi respiración se dificulta mientras la tos invade mis pulmones. Gitana gitana, gitana gitana, tu pelo tu pelo, tu cara tu cara. Quiero oír esta canción una vez más, pero las fuerzas abandonan mi cuerpo y no puedo volverla a poner en el toca discos.
En un último esfuerzo levanto tu foto y termino mi trago observandola, buscando en esa mirada tuya el perdón para poder descansar de una vez por todas. Lo hice y no puedo devolver el tiempo. Al tiempo que suenan las aves anunciando el alba comienzo a extrañarte nuevamente, anhelando tu compañía, pero no puedo hacer nada para volver a tenerte a mi lado. Ya no puedo sentir las piernas y mantenerme en la silla es cada vez mas difícil, debo tenderme en el suelo como lecho final mientras tenga fuerzas que me lo permitan. No quiero acabar como una figura de cera en una posición extraña, me gustaría reflejar una tranquilidad falsa para aquellos que encuentren mi cuerpo, aún sabiendo que nadie vendrá a buscarme.
La luz se debería hacer mas intensa a medida que amanece, pero en mis ojos disminuye e intento concentrarme en tu rostro plasmado plácidamente en la foto, con esa sonrisa que me alentó por tanto tiempo pero que ahora ha desaparecido para siempre. El aire abandona mi pecho en un suspiro definitivo, o al menos eso espero.
Nuevamente abro los ojos, no estoy seguro de cuanto tiempo ha pasado esta vez, pero por la luz en la habitación calculo que solo han sido unas horas. Todo sigue igual, la botella permanece vacía, el vaso está seco y la colilla de ese cigarrillo ha marcado el piso de madera. Y tu aún estas muerta sobre la cama, en la misma posición de reposo que te dejé, con los ojos cerrados para siempre y cubierta por esa sabana que nos arropó durante tantas noches. A sido en vano, este intento por terminar mi vida es inútil, y por mas que quisiera dejar de ser inmortal y acabar de una buena vez con mi existencia, continúo condenado a sufrir atormentado una y otra vez por las imágenes de tu muerte bajo mis manos. No es la primera vez que tomo el papel de verdugo, pero si la primera vez que lo hago en alguien que he amado. Que he amado y sigo amando.
No puedo morir, ni ahora ni nunca. Lo asimilo de la mejor forma posible, pero las heridas en mi alma por haber provocado tu muerte no cerraran fácilmente. Por ahora, lo único que puedo hacer es desacerme de tu cuerpo ya helado, pero que no abandona su belleza. Me debato entre conservarte eternamente, condenándote a una inmortalidad como la mía y desaparecer tu cadáver, el más hermoso que haya visto hasta el momento. Te amo en mi forma bizarra, viéndote tendida en la cama, pálida y angelical, pero se que así te devolviera a la vida, ya no serias mía y tu rechazo es algo que no podría soportar. Prefiero eliminar esa esperanza quemando tu cuerpo, que las llamas se encarguen de hacer el trabajo. Levanto tu figura desnuda, que solo tienen las marcas de mis manos alrededor de tu cuello y la llevo hacia el incinerador del edificio, sin despertar ningún tipo de mirada extraña por los habitantes del edificio en el que pasamos días y noches. Antes de meterte en el horno, me gustaría besarte una última vez, pero me abstengo de hacerlo, quiero recordar tus labios húmedos y cálidos.
Espero durante 2 horas junto a ese infierno, y ya que he terminado, salgo a caminar con las llaves de tu auto aún en el bolsillo, alejandome a paso lento y melancólico, pues como sabes, la conducción nunca ha sido lo mio. Conservaré tu foto, como un recuerdo de la mujer que murió en mis manos, pero que vive en mi corazón