
Instintivamente muevo mi mano al bolsillo de la camisa, pero Maritza con sus suaves manos me lo impide. Miro sus ojos oscuros que me señalan el asqueroso letrero que prohíbe fumar. Lo había olvidado. Resignadamente y sin problema me olvido de la idea. Un nuevo sorbo y mi garganta lo siente.
La luz del día aún se asoma por los ventanales que dan hacia la transitada calle, todo el mundo apurado, lleno de pensamientos, una verdadera carrera de ratas. Algo llama mi atención por un instante, una mujer se detiene frente al anuncio del bar, y aunque no es bella ni remotamente atractiva, tiene ese no-se-que en su aura, me distrae de mis pensamientos vacíos. Es extraño, pero me gustaría que se sentara a mi lado y platicar con ella y al verla cruzar por la puerta siento un leve corrientazo que cruza por mi estómago. Voy al baño, no me interesa saber que es lo que busca esta mujer y espero que cuando salga ya no se encuentre. Mientras estoy en el baño, al mirarme al espejo y ver como han pasado los años por mi rostro, siento la sabiduría de la soledad, puedo ver ese tiempo transcurrido entre la adolescencia y la madurez actual y me gusta. Ya no soy ese niño que deseaba conseguir una noviecita para estar con ella todo instante, disfruto de cualquier momento en el que tenga la compañía de una buena mujer, pero ahora acepto que todo debe tener un final. Aunque no me siento bien conmigo mismo, al menos me acepto tal cual soy.
Al salir del W.C. veo a esa extraña mujer hablando con Maritza como si fueran grandes amigas, sentada tras la barra. Me siento frente a mi trago sin mirar a ninguna de las dos y escucho que se llama Sofía. Sabiduría. Justamente esa es la sensación que despertó en mí al verla en la calle, a través del cristal. Al parecer, va a reemplazar por un tiempo a Maritza en el trabajo, ya que ella tiene que viajar a hacer algo que no me interesa ni pongo atención. Por lo visto, esta es la primera noche de Sofía atendiendo este lugar sola y no puedo negarlo, me agrada. Pido la segunda copa de la noche con un movimiento de mi mano y nuevamente sin hablar una sola palabra.
Sofía se dirige a cambiarse de atuendo, pero no creo que pueda llenar en lo más mínimo el uniforme que utiliza Maritza, sus curvas son deliciosas, sus tetas, su culo, es una mujer espectacular. Pero al ver a Sofía me llevo una sorpresa bastante agradable. Tras esa falda ancha y abrigo largo, ocultaba una figura muy llamativa. Sin ser voluptuosa y llena de silicona a diferencia de su compañera, inspira sexo. Si, del más básico y visceral, sexo salvaje. Lleva el cabello recogido tras el cuello, un cuello largo y delgado, adornado en su base por lo que parece ser un tatuaje, pero no puedo decir la figura completa por mi posición en el lugar. Debió mandar entallar el uniforme del bar, porque no puedo entender como pueda llenar el espacio de los grandes pechos de Maritza en ese vestidito. No lleva brassier, lo cual agrega ese elemento pervertido que me gusta tanto. Definitivamente estoy sorprendido. En un sorbo termino mi trago, y mientras van llegando los clientes de esta noche, veo a Maritza despedirse de Sofía con un abrazo caluroso, mientras por encima de su hombro realiza un gesto que me confunde la noche aún más. Me guiña el ojo como si fuéramos cómplices en algo. Maritza, la mujer con la que nunca he cruzado palabra y me he limitado a ignorar para satisfacer mis deseos de soledad en esta barra. Esta noche esta transcurriendo bizarramente.
Observo los movimientos de Sofía mediante el reflejo de los espejos que adornan el sitio, son seguros, ágiles, fuertes... excitantes. En el momento hay 5 personas más en el bar pero me encuentro solo yo en la barra. Ella se acerca.
-¿Otro trago señor?
-Si, por favor- Respondo fríamente mientras nuevamente intento sacar mis cigarrillos. Lo pongo en mis labios y al intentar prender uno de los fósforos, delicadamente ella pasa sus dedos por mis labios y me lo arrebata.
-Lo siento, pero no está permitido fumar acá.
-Lo olvidaba, no hay problema- Guardo el cigarrillo nuevamente en el paquete y la observo mientras me sirve otra dosis de alcohol destilado.
-Si, es dífícil, yo también muero por un cigarrillo- Agrega ella con una voz ronca y sensual.
Observo la calle y empieza a llover. Ya son casi las 8 de la noche y el lugar sigue casi vacío.
-Es una noche lenta al parecer-Señalo torpemente, para evitar ese incomodo silencio en la conversación.
-Pues es Miércoles, no creo que se mueva mucho hoy-Dice ella mientras sirve unas cervezas para una pareja que esta sentada en una de las mesas del fondo. Las pone en una bandeja pequeña y las lleva ella misma. Al alejarse por el pasillo no puedo evitar girar y admirar su caminar, elegante y provocador, como si estuviera desfilando para mí. Es ridículo pienso, debe ser el efecto de las copas, pero me está gustando hablar con esta extraña mujer. Sofía.
Transcurre una hora aproximadamente, la lluvia no ha parado de caer y la gente rota de manera igual. La pareja del fondo se ha ido, ha llegado un par de estudiantes y la música es agradable. Voy por mi quinto trago y nuevamente siento ganas de ir al baño. Mis movimientos son entorpecidos levemente por el alcohol ingerido y mi vista no es la misma, debo reconocer que ya no tengo la misma resistencia a sus efectos. One de U2, esta canción arranca mientras camino por el pasillo, al fondo a la izquierda, como en todo lugar. Desocupo mi vejiga mientras observo por la pequeña ventana que la lluvia cae más y más fuerte,. Mientras lavo mis manos nuevamente me miro en el espejo, acomodo mi pelo como si fuera un chiquillo alistándose para una cita a ciegas. Nunca lo hago, y quienes me conocen saben que ando por la vida siempre despeinado y sin vergüenza por el poco pelo que me queda. Decido dejar la estupidez y me alboroto el pelo para dejarlo tal cual lo tenia al entrar al baño y camino nuevamente a mi banca en la barra. Sigue sonando One, one love, one blood, one life you got to do what you should...
Sentado, observo que la gente se va, los estudiantes abandonan el bar. Solo queda un par de tipos en corbata que han estado revisando papeles sobre una mesa y tomando cerveza. One, one life but we're not the same we get to carry each other, carry each other.
Sofía mira la televisión pero se nota que no le pone atención a lo que esta pasando en el programa. Esta aburrida y me gustaría saber que es lo que realmente piensa. Al contrario a lo que es habitual en mí, le digo.
-Sofía, ven, si estas aburrida habla conmigo- Inmediatamente pienso que es la forma mas estúpida de retomar una conversación.
-La noche ha estado lenta y fría, ojala esos dos de esa mesa se vayan pronto.
-Me imagino que tienes afán por cerrar e irte a descansar, además, tu novio te debe estar esperando- Otro error típico, preguntarle por el novio, que patético.
-No se encuentra en la ciudad, viajó hace un semana a Argentina. La verdad creo que es mejor así.- Quiere hablar sobre él, pero la verdad no quiero escuchar problemas ni historias románticas que me producen sueño, ademas, sinceramente, me importa muy poco la relación sentimental de la chica.
El silencio incómodo nuevamente.
-Señorita, la cuenta por favor- Se oye a lo lejos, los dos hombres de corbata están organizando sus papeles.
Sofía prepara la cuenta de los hombres y la lleva hasta su mesa. Me queda todavía medio trago y no tengo intensiones de tomarlo rápidamente. La lluvia continúa cayendo y yo observo maravillado los movimientos de ella. Dentro de mí entiendo que puede ser el alcohol hablando pero me gusta mirarla con deseo, con morbo, fantasear durante breves instantes con hacerla mía.
Basta de tonterías, simplemente me acabo mi trago y me voy. Los hombres ya se han ido y Sofía viene de vuelta a la barra. Mientras busco mi billetera para pagar, siento que ella está cerca a la salida, pero sorprendentemente, la cierra con seguro y cambia el letrero. "Closed". Es imposible y una simple fantasía lo que pasa por mi mente.
-No te vayas, espera que voy a cerrar caja y nos podemos hacer compañía mientras tanto.- Dice con una sonrisa algo picara.
Acepto extrañado, me siento nuevamente en la banca, mirando el fondo vacío del vaso. Sofía lo llena mientras me dice - Este va por cuenta de la casa.- Un trago gratis y una situación extraña, ¿Que más puedo pedir en una noche de Miércoles?
La miro mientras llena un cuaderno con las cuentas del día y ella me devuelve la mirada... no cruzamos palabra alguna pero ella sonríe mientras lo hace. Realmente no se que pensar, podría acercarme e intentar besarla, me gustaría ver su reacción cuando mis manos acaricien su espalda, pero no seria yo mismo. Permanezco sentado lamentándome por ser tan patético y dando vueltas a la situación dentro de mi mente. El sonido de un golpe me saca de mi letargo, Sofía intenta cerrar la caja registradora pero parece estar trabada. -Ven ayudame a cerrar esto, no logro hacerlo.- Que excusa tan estúpida para hacer que me acerque, pero no lo dudo ni un segundo, me esta seduciendo, y no me voy a hacer el difícil.
Su aroma se percibe a medida me acerco por detrás, ella no se voltea, como si estuviera intentando hacer fuerza sobre la maquina registradora, mientras la rodeo con mis brazos y sin resistencia alguna introduzco mi nariz en su cuello. Ella lo pidió y va a recibir lo que quería. Huele como la lluvia que cayó durante la primera parte de la noche, sin aromas dulzones que me alborotan la alergia ni perfumes que confundan su olor natural- Es ella, simplemente, la lluvia que resbaló por su cuello y ha quedado impregnada. La volteo para ver sus ojos escondidos tras esos lentes, y por un momento podría jurar que los vi cambiar de color. Debe ser la emoción del momento o los tragos, siendo esto último lo mas probable. La beso, sus labios no tienen sabor alguno, naturalidad para todo, y aunque se nota que usa maquillaje, su labial no me deja ningún sabor, solo sus labios, insípidos pero que por algún motivo no puedo separar de los míos. Me muerde suave y torpemente, como si quisiera parecer una Femme-Fatale, pero no le doy importancia a eso, sencillamente la monto sobre la barra y desabotono su uniforme agresivamente. Basta de juegos mujer, hoy vamos a follar, disfrutaremos y cada uno se irá por su camino.
Sus pechos quedan al descubierto inmediatamente, como lo había notado, no lleva nada bajo la blusa. Los beso y muerdo sus pezones, los acaricio con ambas manos y utilizo mi lengua. Se lo que le gusta por sus gemidos. Arranco su cinturón con un solo movimiento y puedo ver cierto temor en sus ojos por mi violencia, pero le gusta y no va a hacer nada por impedírmelo. Mete su lengua en mi boca sabiendo que este encuentro solo se dará una vez, que no se repetirá y no volveremos a vernos. Una sola vez y se abandona a todas sus perversiones reprimidas. Esta noche va a ser toda una puta y va a disfrutarlo.
Ella también sabe usar la violencia. Arranca mi camisa y la bota al suelo con furia, mientras clava sus uñas en mi espalda al sentir como la penetro por primera vez. Y una y otra vez. Se caen las botellas de la barra debido a los embates sexuales. Le gusta, y a mi también Sentir su piel, la piel de una extraña que no voy a ver nunca más. Sin remordimientos de ninguna clase. Solo dos personas que se desean. No te amo, es mas, no se ni el uno por ciento de tu vida y no me importa conocerlo. A ti tampoco te importa mi pasado, mis traumas ni mis deseos. No me importa saber porque tienes esa cicatriz en el hombro derecho, ni que significa ese tatuaje árabe en tu nuca. Estamos cumpliendo con nuestras necesidades más básicas y lo estamos haciendo muy bien.
Suena su celular y ella lo apaga rápidamente, no quiere ser interrumpida por su novio, su madre, su amiga o su confidente, quiere entregarse a este extraño, sin obligaciones ni compromisos- Pasión animal, nada más.
Duramos media hora tirando, follando, no amándonos, simplemente compartiendo placer. ella se viste y se dirige al cuarto de empleados. Mientras la veo alejarse, ella voltea sobre su hombro y me mira diciendo gracias con sus ojos, sin cruzar ninguna palabra. Cuelgo mi camisa sobre mis hombros y pongo mi abrigo cubriéndome preparándome para el frío de la noche. Enciendo mi cigarrillo por fin, ese que fue negado por las dos mujeres que me atendieron, una con alcohol y la otra con sexo. Abro la puerta y por un momento siento su mirada en mi cuello, pero me resisto a voltear, es mejor así, sin despedidas ni cortesías de ningún tipo. Adiós para siempre Sofía.