
Déjame contarte que pasa por mi mente.
Un día soleado, amaneces enredada entre tus sabanas luego de una noche de sueños vividos, donde yo aparecía constantemente. El calor te obligó a tomar una ducha, pero no solo eso, te sentías ardiendo por dentro tras verme en tu mente hora tras hora. Te veo caminando en ropa interior hacia el baño y sin esperar a llegar fuiste despojándote de ella, muy insinuantemente mirando hacia la ventana.
Te paseaste frente al espejo, el cual me habría gustado ser para poder admirar todo tu cuerpo desnudo día tras día. Tu pelo se encontraba alborotado, producto de una noche en la cama esperando que al abrir los ojos yo estuviera tu lado. En algún momento, entraste a la ducha, y mientras se graduaba la temperatura, una corriente de aire frío se encargo de erizar tu piel. Al entrar en la caída de agua, esta recorría suavemente tu cuerpo y mientras lo hacia, sentías como esas gotas se convertían en mis dedos, en mis manos, acariciando todo tu ser.
Quiero creer.
Iniciaste un juego de autosatisfacción al pasar el jabón por tu cuello, acariciando suavemente tus hombros. Luego, deseaste que tus manos fueran las mías y empezaste a acariciar tus senos. Tu energía me convocaba a estar allí, tocándole, amando te. Tu deseo me llamaba. Al calor de las caricias, tus pezones dieron muestras de excitación, erguiéndose a través de la espuma.
Tus manos en movimientos lentos, acariciaron tus pechos, como lo harán las mías un día no muy lejano.
Creo que la temperatura del agua era la ideal y mientras la espuma descendía por tu cuerpo, tu respiración aumentaba en ritmo, mas aún, lo que sentías te impedía tomar aliento.
¿Estoy en lo cierto?
Tu pelo mojado te cubría el rostro, pero se podía notar como pensabas en mi, pues tu cara mostraba un placer creciente mientras tus manos que se dejaban guiar por las mías, iniciaron las caricias por tus piernas, arrancando por tus tobillos, recorriendo muy despacio un camino ascendente que se encontró de repente con unos muslos húmedos, no únicamente por el agua, sino también producto del deseo.
El tiempo transcurría lento, pero las sensaciones que se apoderaban de ti no. Olvidaste el jabón y el agua por un momento y dejaste que tu temperatura corporal aumentara gracias a la imagen que cruzaba tu mente. Esa imagen era yo, provocando placer en todo tu cuerpo. Tus dedos, que en ese momento acariciaban la parte interna de tus muslos, no pudieron detenerse cuando quisiste sentirme dentro tuyo. Tus dedos, mis dedos. Tu cuerpo, calentado por el mio.
Estabas sintiendo las caricias que tanto has imaginado. Tu mirada reflejaba un placer que no estabas preparada para sentir, desde tu interior podía observar tus movimientos a través de tus ojos.
Aprovechando la humedad para acariciarte íntimamente, cerraste los ojos y sentiste como tus dedos se dejaban impulsar por mis deseos.
Quiero imaginarme dentro de ti, pero de la misma manera que tu lo hiciste entonces. Te tocabas, pero sentías como si fuera yo quien lo hacia, el agua lubricaba y te permitía acelerar el ritmo, aumentando tu placer. Me sentiste en tu interior, cada vez mas rápido, una y otra vez.
Era yo, quien te llevaba al punto máximo del placer. Era yo, el que te guiaba en la búsqueda del éxtasis superior. Era yo, amándote desde lejos, sintiéndote usando tus propias manos. Explotaste, conmigo en tu mente, pensando como será ese momento en que estaremos juntos por fin y sentir nuestros cuerpos desnudos el uno junto al otro.
Era yo, quien invocaste con tanta excitación. Era yo, que al visitarte en tus sueños me apodere de tu cuerpo, pero deje libre tu mente, para conducir tu lujuria.
Si mujer, era yo, el demonio que invadió tu alma hace tiempo, ese demonio que te provoca placer sin limite, ese demonio atormentado por la belleza de tu cuerpo y la pureza de tu ser.
Ese demonio que una vez dentro, no descansará hasta hacerte mía.