martes, 4 de octubre de 2011

Diatriba contra… el ser humano



La idea original era escribir contra todos los colombianos, pero me he dado cuenta que no son los colombianos quienes me desagradan, en verdad, son todos los seres humanos que caminan por este planeta azul con verde y pintas amarillas. Criticar al humano promedio es sumamente sencillo, basta ver el comportamiento irracional de aquellos individuos que nos hace prácticamente la vida de cuadritos con su falta de cultura y estupidez reinante. Ese cretino que se salta la fila en el transporte público o en el banco sin importarle quien lleve más tiempo esperando, aquella mujer que extiende su mano para detener el bus en mitad de la calle en vez de caminar 50 metros hasta el paradero más próximo, el imbécil que sin considerar a sus congéneres prefiere manejar con tragos en la cabeza convirtiéndose en una amenaza en potencia. El empleado público que con su desidia y falta de compromiso brinda un pésimo servicio al público y exige cada vez más, el empresario de medios de comunicación que vende su espacio a producciones alienantes que suben audiencia pero que lo único que producen es una disminución en el coeficiente intelectual del pueblo, el pulgoso maloliente que se recuesta en mi hombro en el bus mientras cierra la ventana al calor infernal del medio día. La pareja que sin tener empleo estable trae al mundo tres, cuatro, cinco hijos o más, y los saca a orearse los fines de semana, en un espectáculo desagradable. Incluso el anciano que se cuelga los pantalones de las axilas para que no se le descuelguen los cojones, con su olor a ungüento de mentol y que acude a mi escasísima paciencia para preguntarme una dirección. Ellos, todas aquellas personas que dejan a diario su consciencia y sentido común guardados en la mesa de noche, junto al almanaque Bristol y entre el escapulario y la estampita del “divino niño” para volverse una masa humana infecta de idiotez, una plaga que lo único que hace es robarme el poco aire que queda, todos son los causantes de esta furia en letras que quiero compartir con ustedes.

Considero que la evolución no está haciendo su parte, pues por cada persona decente, que puede llegar a agradarme, que puede inspirar un halo de simpatía en mí, nacen, crecen, se reproducen y NO mueren lo suficientemente pronto, otros 2 que  se encargan de echar a la mierda mis pocas esperanzas en la humanidad y que de seguir creciendo a esta tasa, convertirá el supuesto mejor vividero,  en el peor sobrevividero del universo. No los tolero, por conchudos, perezosos irresponsables e incompetentes. Definitivamente hubiese sido mejor que los reptiles dominaran la tierra, porque el sentido común del ser humano es el menos común de los sentidos. 

Desde el maldito político corrupto que pide se le mantenga el subsidio de gasolina hasta el asqueroso vecino borracho y escandaloso que hace parrandas vallenatas o en su defecto de karaoke aguardientoso hasta las 5 de la mañana un miércoles, pasando por el insufrible raponero de baja monta que roba celulares a punta de cuchillo oxidado y el insufrible busetero que se detiene cada 2 metros a recoger pasajeros mientras tortura a la gente con tropicoima, Candela u Olimpica (que dice en su publicidad “¡¡se metió!!”… pregunto ¿¿se metió a donde putas??),  el problema siempre es el mismo, ¡¡no me aguanto la gente que me rodea!! Ni mi jefe, que lleva prometiendo un pútrido aumento desde hace más de un año, y hasta el sol de hoy no lo he vuelto a ver, ni el infeliz narrador deportivo que con sus gritos de plaza de mercado medieval, intenta imprimir una emoción lobísima a un partido del Deportivo Tapitas vs. Independiente Once Ñeros. La falta de respeto y compromiso, la impuntualidad, la suciedad, la ignorancia, la corroncheria. Una cosa es que sean una especie adaptativa, luchadora, guerrera, y en algunas ocasiones medianamente racionales, pero durante desde sus inicios, la inmensa mayoría ha demostrado ser animales con poco pelo, pocas ideas y mucha habla. Desde el simple hecho de salir a la calle sin lavarse los dientes, con ese inmundo aliento de recién levantado como si se le hubiera muerto una rata en la garganta, a comprar el pan del desayuno en chancletas de caucho, con la huella de la almohada en el grasoso, casposo, seborriento pelo y la pantaloneta de ochentera, hasta el no saber pronunciar correctamente palabras sencillas como “taxi”, “ICFES”, “escenario”, “éxito”, pasando por lecciones básicas de ortografía, lectura y escritura, es totalmente repulsivo.

Los rituales de apareamiento a punta de música trópico-caribeña, estridente, vulgar, tosca y completamente sin sentido, con letras como “perrea mami, perrea” que fácilmente dejarían mejor enseñanza si dijeran “razona mujer, razona”, pero que por obvias razones de incapacidad intelectual no son apreciadas, desembocando en una típica y recurrente escena donde el marido, quien conquisto a la mujer con tonadas románticas como “sé que quieres, se te nota” termina agrediéndola al llegar alicorado a la casa, y no siendo esto lo peor, sino cayendo más bajo aún, cuando la mujer lo justifica y hasta lo defiende ante alguien que ose criticar dicha acción cavernícola.  Esa desgraciada falta de capacidad cerebral para analizar las cosas sencillas y soberbiamente creerse la cúspide de la pirámide evolutiva, solo demuestra la ignorancia reinante del noventa por ciento de la población, y por consiguiente me da la razón indiscutible al afirmar que se han convertido en un estorbo en un mundo sobrepoblado. 

Mano dura y cero tolerancias, porque demostrado está que a las buenas, no se pudo, y a todos aquellos que se pasan la vida pensando que son la máxima expresión en cuanto a especies se refiere, afirmando que son ejemplos impolutos de seres humanos, incluso sin saber cómo controlarse ante las ganas de sacarse los residuos de carne entre los dientes mientras caminan por la calle, por favor, sumerjan  la cabeza en un balde con agua y repitan el alfabeto cien veces (si es que lo saben, si no, reciten las vocales 580 veces por lo menos), para que al menos de esa manera, nos permitan a los demás intentar olvidar de una vez por todas, que lo que parecía ser la especie racional del planeta, se ha convertido en 6 billones de bacterias sobre desarrolladas, y lo más seguro, es que algunas de esos virus que se hacen llamar humanos, van a ser quienes más se sientan aludidos por este escrito y en una horda salvaje de comentarios inicien una guerra de insultos y reproches que terminaran dándome la razón.

miércoles, 1 de junio de 2011

Deseo, carnal y puro




Ebriedad, es el único sentimiento que tengo esta noche. Una tarde de trabajo, una noche de reflexiones, la madrugada es deseo. Tu estás en mi ser, tu cuerpo, tu aroma, son cuestiones irracionales que me invaden.

Una cama, la que vacía me espera, el mismo lecho que ansío inundar con tu esencia, continua abandonada frente a mi cuerpo desnudo, sola, imagen de mi alma. Te deseo. Donde estés, mis labios buscan besarte. Quiero hacerte mía, solo mía, así sea por un corto intervalo. Entre esas sabanas rugosas de motel, entre sentimientos encontrados, tras humos de cigarros, te deseo. No soy el mismo.

No me encuentro.

Mi cuerpo se imagina entre tus brazos, mas el duelo mental de tus conclusiones me lastima, eres la persona que despierta mi ser carnal desde hace mucho tiempo. Una realidad que tengo miedo no sea verdad. Una fantasía que de cumplirla, no se que consecuencias tenga. Puede que me vuelva adicto a tus besos, a tus caricias, a tu aroma, a tu sexo. Lo mas probable, que el momento quede grabado en mi memoria por siempre, como el conjunto de sensaciones, tu sabor, tu olor, tus gemidos, tu respiración, tus curvas, tu esencia. La imagen de mis dedos arrancando tu ropa y tocando tu piel, de mis labios recorriendo tu vientre y descansando en el valle entre tus senos bajo la luz casi imperceptible, me provocaran una erección cada vez que la recuerde.

El revivir el trepidar de la cama desordenada por la pasión al mecerse bajo cada embestida me despertará una sonrisa de complicidad y satisfacción, al recrear tus gemidos de placer en mi mente, tus dedos en mi espalda y tus dientes en mi cuello, mientras imagino escuchar de tus labios la exhalación al alcanzar el orgasmo tras nuestra aventura.

No existiría diferencia alguna entre follarte y hacerte el amor, pues en ese momento, mi conciencia y lo que queda de mi alma se encontrarían enfocados en tu cuerpo y en tu mente, sin pensar en nada mas que en satisfacer nuestros deseos, en recorrer cada centímetro de tu piel, disfrutando sin egoísmo, sintiendo y haciéndote sentir el placer por tanto tiempo dilatado. Mordiendo tus pechos y acariciando tus nalgas con mayor excitación a medida que nuestros cuerpos se hacen uno solo, cambiando de posición, explorando todos tus puntos, haciendo uso de mis dedos, mi boca y mi pene, sintiendo tu interior. La fantasía toma cada vez mas forma en mi mente.

Con cada trago de licor que entra a mi cuerpo puedo ver mas claramente esa escena previa al clímax, tus uñas clavándose en mis hombros, tus labios antes rojos, tomando un color blanco tras cada mordida autoinfligida provocada por cada penetración. Las gotas de sudor que recorren nuestros cuerpos que caen pesadamente sobre la cama, esa cama que sería testigo de la primera, única y ultima vez que estaríamos juntos. Y tras un grito de placer, caerías en mis brazos exhausta, satisfecha, cansada y feliz, con la convicción que no ha sido un error, mas bien, el punto final para esta historia de deseos encarcelados por las circunstancias.

Tu mirada cómplice a través del espejo mientras tomas tu ropa y la pones en tu cuerpo aun tibio, el silencio que indica que a pesar de lo que acabamos de vivir, la situación no volverá a repetirse, ese cuadro que quedará en nuestras mentes hasta el fin de los días quedará sellado con el beso final entre dos amantes que corrieron el riesgo y encontraron la satisfacción final en un último encuentro. Un beso de despedida y un camino largo de vuelta a la realidad. Un adiós que no me mollentaría volver hasta luego.

Se ha terminado mi botella y así finaliza el relato, una fantasía que sin duda alguna, deseo volver realidad. ¿Y tú?