
Ebriedad, es el único sentimiento que tengo esta noche. Una tarde de trabajo, una noche de reflexiones, la madrugada es deseo. Tu estás en mi ser, tu cuerpo, tu aroma, son cuestiones irracionales que me invaden.
Una cama, la que vacía me espera, el mismo lecho que ansío inundar con tu esencia, continua abandonada frente a mi cuerpo desnudo, sola, imagen de mi alma. Te deseo. Donde estés, mis labios buscan besarte. Quiero hacerte mía, solo mía, así sea por un corto intervalo. Entre esas sabanas rugosas de motel, entre sentimientos encontrados, tras humos de cigarros, te deseo. No soy el mismo.
No me encuentro.
Mi cuerpo se imagina entre tus brazos, mas el duelo mental de tus conclusiones me lastima, eres la persona que despierta mi ser carnal desde hace mucho tiempo. Una realidad que tengo miedo no sea verdad. Una fantasía que de cumplirla, no se que consecuencias tenga. Puede que me vuelva adicto a tus besos, a tus caricias, a tu aroma, a tu sexo. Lo mas probable, que el momento quede grabado en mi memoria por siempre, como el conjunto de sensaciones, tu sabor, tu olor, tus gemidos, tu respiración, tus curvas, tu esencia. La imagen de mis dedos arrancando tu ropa y tocando tu piel, de mis labios recorriendo tu vientre y descansando en el valle entre tus senos bajo la luz casi imperceptible, me provocaran una erección cada vez que la recuerde.
El revivir el trepidar de la cama desordenada por la pasión al mecerse bajo cada embestida me despertará una sonrisa de complicidad y satisfacción, al recrear tus gemidos de placer en mi mente, tus dedos en mi espalda y tus dientes en mi cuello, mientras imagino escuchar de tus labios la exhalación al alcanzar el orgasmo tras nuestra aventura.
No existiría diferencia alguna entre follarte y hacerte el amor, pues en ese momento, mi conciencia y lo que queda de mi alma se encontrarían enfocados en tu cuerpo y en tu mente, sin pensar en nada mas que en satisfacer nuestros deseos, en recorrer cada centímetro de tu piel, disfrutando sin egoísmo, sintiendo y haciéndote sentir el placer por tanto tiempo dilatado. Mordiendo tus pechos y acariciando tus nalgas con mayor excitación a medida que nuestros cuerpos se hacen uno solo, cambiando de posición, explorando todos tus puntos, haciendo uso de mis dedos, mi boca y mi pene, sintiendo tu interior. La fantasía toma cada vez mas forma en mi mente.
Con cada trago de licor que entra a mi cuerpo puedo ver mas claramente esa escena previa al clímax, tus uñas clavándose en mis hombros, tus labios antes rojos, tomando un color blanco tras cada mordida autoinfligida provocada por cada penetración. Las gotas de sudor que recorren nuestros cuerpos que caen pesadamente sobre la cama, esa cama que sería testigo de la primera, única y ultima vez que estaríamos juntos. Y tras un grito de placer, caerías en mis brazos exhausta, satisfecha, cansada y feliz, con la convicción que no ha sido un error, mas bien, el punto final para esta historia de deseos encarcelados por las circunstancias.
Tu mirada cómplice a través del espejo mientras tomas tu ropa y la pones en tu cuerpo aun tibio, el silencio que indica que a pesar de lo que acabamos de vivir, la situación no volverá a repetirse, ese cuadro que quedará en nuestras mentes hasta el fin de los días quedará sellado con el beso final entre dos amantes que corrieron el riesgo y encontraron la satisfacción final en un último encuentro. Un beso de despedida y un camino largo de vuelta a la realidad. Un adiós que no me mollentaría volver hasta luego.
Se ha terminado mi botella y así finaliza el relato, una fantasía que sin duda alguna, deseo volver realidad. ¿Y tú?