Si, estoy ebrio, pero parece ser la única forma de
escribir en estos días... triste y comprensible a la vez. Mi vida es
feliz desde que vivo con ella. Es perfecta, me acepta como soy, un
tanto histérico, un tanto psicópata, un poco neurótico y otro poco
amoral, pero me acepta y vive a mi lado. Pero falta algo, ese algo es
mi lado animal. Me estoy convirtiendo en un animal enjaulado. Quiero
volver a mi selva personal, a mi lugar de andanzas, a ese punto de
cacería en el cual era el principal depredador. Quiero ser la
maldita golfa favorita de mis amigas, como alguna vez me dijo
alguien. Necesito esa sangre fresca deslizándose por mis manos, el
sentir el último palpitar de un corazón recién arrancado, la
mirada que abandona la conciencia en ese segundo antes de
desfallecer. Extraño el no tan lejano tiempo en que dejaba jugar en
el patio trasero aquel demonio.
Pero no es la única preocupación que ronda mi
cabeza calva, estoy desarrollando cada vez mas los deseos de vivir en
un verdadero apocalípsis. No la basura que venden en la biblia, un
real, verdadero apocalípsis, donde tengamos que andar por la calle
con el miedo de matar o ser muertos. Cero conciencia, algo
parecido a esta porquería de falsa sociedad, en la cual o asesinamos
o perdemos la vida, pero sin el miedo a ser castigados por las leyes
inútiles del ser humano, y mucho menos las estúpidas consecuencias
de sus dioses. Simple, matar o morir, como ha sido desde el verdadero
principio y como sera hasta el verdadero final, la belleza de la
muerte enroscándose alrededor del débil cuello inocente. Un
sencillo disparo desde la lejanía de un pent-house, limpio, sin
testigos, sin salpicaduras molestas para quien hace de juez, jurado y
verdugo. Uno. Un solo tiro en la cabeza desde la distancia perfecta
para no dejar huella, pero no por el miedo a ser capturado, sino por
la perfección del arte. El arte prohibido de matar, el arte mas puro
de todos, ejecutar sin dejar rastro.
Respiro profundo antes de levantarme a servir un
nuevo trago y tomar las fuerzas necesarias para continuar con la
fantasía mortal de cegar una vida humana. Es imposible me repito
para mis adentros, pero de igual manera se que es algo que esta
en todos nosotros, y por nosotros me refiero al monstruo interior, no
al pusilánime ser humano del cual me disfrazo a diario para encajar
en la sociedad que tanto aborrezco. No, es el monstruo asesino que
tiene tanto tiempo dormido y desea despertar de su letargo y salir a
alimentarse en un asqueroso mundo corrupto. Lo he pensado y quiero
sentir la emoción de la cacería nuevamente. Una nueva victima, pero
esta vez sin importar su culpabilidad o su inocencia, solo por saciar
mis deseos. Sentir el poder de decidir sobre una vida... o una muerte
aún mejor.
¿Cuales serian las consecuencias? ¿La forma mas
limpia e imposible de rastrear? ¿Debe ser un total desconocido o
alguien dentro de mi circulo social? ¿Hombre o mujer? ¿Metódica o
salvajemente?De nuevo el fondo del vaso se acerca y sigo con la
pregunta pero sin respuesta. Dejarlo o no dejarlo salir. Esta noche
no he de decidirlo, por lo pronto, fumar y beber, pues mañana puede
que no tenga que sacar la conclusión... para eso la tengo a mi lado
y ella puede ser quien empuje el gatillo.

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