jueves, 23 de febrero de 2012

Las ebrias reflexiones de un deseo asesino

Si, estoy ebrio, pero parece ser la única forma de escribir en estos días... triste y comprensible a la vez. Mi vida es feliz desde que vivo con ella. Es perfecta, me acepta como soy, un tanto histérico, un tanto psicópata, un poco neurótico y otro poco amoral, pero me acepta y vive a mi lado. Pero falta algo, ese algo es mi lado animal. Me estoy convirtiendo en un animal enjaulado. Quiero volver a mi selva personal, a mi lugar de andanzas, a ese punto de cacería en el cual era el principal depredador. Quiero ser la maldita golfa favorita de mis amigas, como alguna vez me dijo alguien. Necesito esa sangre fresca deslizándose por mis manos, el sentir el último palpitar de un corazón recién arrancado, la mirada que abandona la conciencia en ese segundo antes de desfallecer. Extraño el no tan lejano tiempo en que dejaba jugar en el patio trasero aquel demonio.


Pero no es la única preocupación que ronda mi cabeza calva, estoy desarrollando cada vez mas los deseos de vivir en un verdadero apocalípsis. No la basura que venden en la biblia, un real, verdadero apocalípsis, donde tengamos que andar por la calle con el miedo de matar o ser muertos. Cero  conciencia, algo parecido a esta porquería de falsa sociedad, en la cual o asesinamos o perdemos la vida, pero sin el miedo a ser castigados por las leyes inútiles del ser humano, y mucho menos las estúpidas consecuencias de sus dioses. Simple, matar o morir, como ha sido desde el verdadero principio y como sera hasta el verdadero final, la belleza de la muerte enroscándose alrededor del débil cuello inocente. Un sencillo disparo desde la lejanía de un pent-house, limpio, sin testigos, sin salpicaduras molestas para quien hace de juez, jurado y verdugo. Uno. Un solo tiro en la cabeza desde la distancia perfecta para no dejar huella, pero no por el miedo a ser capturado, sino por la perfección del arte. El arte prohibido de matar, el arte mas puro de todos, ejecutar sin dejar rastro.


Respiro profundo antes de levantarme a servir un nuevo trago y tomar las fuerzas necesarias para continuar con la fantasía mortal de cegar una vida humana. Es imposible me repito para mis adentros,  pero de igual manera se que es algo que esta en todos nosotros, y por nosotros me refiero al monstruo interior, no al pusilánime ser humano del cual me disfrazo a diario para encajar en la sociedad que tanto aborrezco. No, es el monstruo asesino que tiene tanto tiempo dormido y desea despertar de su letargo y salir a alimentarse en un asqueroso mundo corrupto. Lo he pensado y quiero sentir la emoción de la cacería nuevamente. Una nueva victima, pero esta vez sin importar su culpabilidad o su inocencia, solo por saciar mis deseos. Sentir el poder de decidir sobre una vida... o una muerte aún mejor. 


¿Cuales serian las consecuencias? ¿La forma mas limpia e imposible de rastrear? ¿Debe ser un total desconocido o alguien dentro de mi circulo social? ¿Hombre o mujer? ¿Metódica o salvajemente?De nuevo el fondo del vaso se acerca y sigo con la pregunta pero sin respuesta. Dejarlo o no dejarlo salir. Esta noche no he de decidirlo, por lo pronto, fumar y beber, pues mañana puede que no tenga que sacar la conclusión... para eso la tengo a mi lado y ella puede ser quien empuje el gatillo.

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