martes, 22 de enero de 2013

Modus Operandi (Primera parte)




Maldita sea, no es posible tomarse un trago en paz, cuando no son los problemas del inútil de mi hijo, son los inútiles del trabajo que no pueden actuar en un crimen sin molestarme. Justo cuando comenzaba a tener suerte con Andrea, en ese preciso instante en que podía ver sus piernas asomándose bajo su minifalda roja, fantaseando con su falta de ropa interior y mis manos acariciando sus muslos, en ese preciso momento, el idiota de Martínez llama a importunarme, pero apenas pueda, le voy a hacer pagar esto.

Mientras espero un taxi frente al bar enciendo un cigarrillo para calmar mi frustración, Dios mío, tengo que meterme dentro de sus bragas, Andrea... si sigo sin tenerla mis huevos van a explotar. No sé cual verano es peor, si el de esta porquería de ciudad o el que me está estallando los pantalones.
Durante el camino a la escena trato de pensar en otra cosa diferente a sus nalgas perfectas, entalladas en ese vestidito dos tallas menores, diseñado para reventar erecciones a su paso por el bar...definitivamente el clima no me ayuda a quitarla de mi mente, tengo que bajar la ventana para que el aire circule y pueda concentrarme en mi trabajo. Maldito Martínez...

Al llegar a sector noto que en la entrada del edificio "Nueva Escocia" se encuentran tres patrullas y sus agentes hablando con los vecinos y el portero. Para ser un barrio reconocido por la posición social de sus habitantes, la mujer envuelta en bata de baño, con pantuflas de motel y maquillaje a medio aplicar hablando con Sastoque no es lo que esperaría ver a la una de la tarde un miércoles, pero de igual forma, yo no debería haber estado en el bar hace una hora.
El ascensor me produce mareo, nunca me han gustado los espacios cerrados. Oprimo el botón para ir al séptimo piso donde me espera el tedioso trabajo, otro caso de asesinato más para engrosar las cifras de delincuencia de esta capital. Busco en mi bolsillo derecho un chicle para disimular el whisky del medio día mientras decido si acomodar o no mi corbata frente al espejo, pero no me importa, prefiero quitarla de un jalón y guardarla enrollada junto a mi pistola.

Aire acondicionado en el pasillo, por fin un respiro.

El personal se encuentra tomando fotos del lugar, pero por lo visto ya están terminando. No se ve forzada la puerta, la cortina de la sala ondea por el viento, aunque no creo que hayan sido tan estúpidos de abrirla y contaminar la evidencia. Un televisor de cuarenta pulgadas ocupa el espacio central de la pared junto a algunos cuadros sin sentido para mí, nunca he entendido como un par de pincelazos en un fondo blanco pueden considerarse arte. La alfombra bajo la mesa de centro terminan de definir el área, mientras el piso de madera se apodera del resto del espacio. El gran sofá de gamuza negra presenta el motivo de mi visita.

-Agente Martínez, informe la situación.
-Detective Anzola, se trata de un hombre blanco, de buen aspecto, 1.80 de estatura, aproximadamente 90 kilos de peso, entre 30 y 35 años: En sus pantalones encontramos su cédula, al parecer se llamaba Darío Serrano, publicista. Fue encontrado desnudo sentado en el sofá con una sonrisa dibujada en su rostro. Por las manchas de fluido encontradas en los cojines tras usar la luz ultravioleta, se puede intuir que el imbécil murió luego de alcanzar el orgasmo, varias veces, y si me permite, tenia los cojones bastante llenos... varios días sin echarse un polvo, pobre idiota...
-Cállese Martínez, sus observaciones me asquean. Si ya terminaron de levantar pruebas, llame al equipo de limpieza y que se encarguen del cuerpo, es suficiente con el calor de esta horrible ciudad como para tener que pasar el resto de la tarde aspirando el perfume de sexo en este antro.
- !Si detective¡ !Como ordene¡ Señores, ya oyeron, a limpiar esta porquería. !!Que no quede rastro de lo bien que la paso el cadáver¡¡

Martínez, con su sonrisa hipócrita y su peinado de carrera perfecta a la izquierda, el ejemplo perfecto del típico recomendado político. Sobrino de algún petimetre con un cargo medio en el gobierno, pero con alguna información de alguien más poderoso, o el hijo de la sirvienta, fruto de algún amorío con el hijo de algún senador. Da igual su historia, nunca me ha interesado averiguarla a ciencia cierta, lo único de lo cual no me cabe duda, es que de alguna forma tengo que hacerle la vida imposible.

Otro muerto, de igual perfil que el mes anterior, a la vez que el anterior, y el mes antes... cuatro hombres con apariencia de ser exitosos, encontrados desnudos en sus apartamentos en sectores exclusivos de la ciudad. Todos desnudos, con la maldita sonrisa en los labios, signos de haber muerto tras echarse el polvo de la vida. No puedo negar que ha de ser la mejor forma de morir, entrando y saliendo de una mujer, sintiendo su calor, sus gemidos, su pasión, su piel húmeda bajo las manos... Andrea...
Se abre la puerta del ascensor y encuentro a la vieja de la bata y las pantuflas de motel quien es vecina del muerto. A corta distancia no se ve tan mal, tal vez con un par de tragos mas  y con unos 10 años menos... maldita sea, tengo que acabar esta sequia o voy a terminar acostándome con cualquier vagabunda.

Tras abandonar la portería del "Nueva Escocia" y su aire acondicionado, el insufrible calor se encarga de empapar mi camisa de sudor nuevamente. Escupo el chicle y enciendo un cigarrillo para pensar, si tan solo supiera en que debo pensar. Un riquillo muerto desnudo en su apartamento, el cuarto consecutivo en los últimos meses, el cretino de Martínez y su peinado hacia la izquierda, el whisky abandonado a la mitad en el bar, la vieja en bata y su “motelesco” calzado, los cuadros sin sentido en la sala del difunto, el aire acondicionado del "Nueva Escocia"... Andrea y su vestido ajustado, el trasero perfectamente redondeado... Andrea...



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