Maldita sea, no es posible tomarse un trago en
paz, cuando no son los problemas del inútil de mi hijo, son los inútiles del
trabajo que no pueden actuar en un crimen sin molestarme. Justo cuando
comenzaba a tener suerte con Andrea, en ese preciso instante en que podía ver
sus piernas asomándose bajo su minifalda roja, fantaseando con su falta de ropa
interior y mis manos acariciando sus muslos, en ese preciso momento, el idiota
de Martínez llama a importunarme, pero apenas pueda, le voy a hacer pagar esto.
Mientras espero un taxi frente al bar enciendo un
cigarrillo para calmar mi frustración, Dios mío, tengo que meterme dentro de
sus bragas, Andrea... si sigo sin tenerla mis huevos van a explotar. No sé cual
verano es peor, si el de esta porquería de ciudad o el que me está estallando
los pantalones.
Durante el camino a la escena trato de pensar en
otra cosa diferente a sus nalgas perfectas, entalladas en ese vestidito dos
tallas menores, diseñado para reventar erecciones a su paso por el
bar...definitivamente el clima no me ayuda a quitarla de mi mente, tengo que
bajar la ventana para que el aire circule y pueda concentrarme en mi trabajo.
Maldito Martínez...
Al llegar a sector noto que en la entrada del
edificio "Nueva Escocia" se encuentran tres patrullas y sus agentes
hablando con los vecinos y el portero. Para ser un barrio reconocido por la posición
social de sus habitantes, la mujer envuelta en bata de baño, con pantuflas de
motel y maquillaje a medio aplicar hablando con Sastoque no es lo que esperaría
ver a la una de la tarde un miércoles, pero de igual forma, yo no debería haber
estado en el bar hace una hora.
El ascensor me produce mareo, nunca me han
gustado los espacios cerrados. Oprimo el botón para ir al séptimo piso donde me
espera el tedioso trabajo, otro caso de asesinato más para engrosar las cifras
de delincuencia de esta capital. Busco en mi bolsillo derecho un chicle para
disimular el whisky del medio día mientras decido si acomodar o no mi corbata
frente al espejo, pero no me importa, prefiero quitarla de un jalón y guardarla
enrollada junto a mi pistola.
Aire acondicionado en el pasillo, por fin un
respiro.
El personal se encuentra tomando fotos del lugar,
pero por lo visto ya están terminando. No se ve forzada la puerta, la cortina
de la sala ondea por el viento, aunque no creo que hayan sido tan estúpidos de
abrirla y contaminar la evidencia. Un televisor de cuarenta pulgadas ocupa el
espacio central de la pared junto a algunos cuadros sin sentido para mí, nunca
he entendido como un par de pincelazos en un fondo blanco pueden considerarse
arte. La alfombra bajo la mesa de centro terminan de definir el área, mientras
el piso de madera se apodera del resto del espacio. El gran sofá de gamuza
negra presenta el motivo de mi visita.
-Agente Martínez, informe la situación.
-Detective Anzola, se trata de un hombre blanco,
de buen aspecto, 1.80 de estatura, aproximadamente 90 kilos de peso, entre 30 y
35 años: En sus pantalones encontramos su cédula, al parecer se llamaba Darío
Serrano, publicista. Fue encontrado desnudo sentado en el sofá con una sonrisa
dibujada en su rostro. Por las manchas de fluido encontradas en los cojines
tras usar la luz ultravioleta, se puede intuir que el imbécil murió luego de
alcanzar el orgasmo, varias veces, y si me permite, tenia los cojones bastante
llenos... varios días sin echarse un polvo, pobre idiota...
-Cállese Martínez, sus observaciones me asquean.
Si ya terminaron de levantar pruebas, llame al equipo de limpieza y que se
encarguen del cuerpo, es suficiente con el calor de esta horrible ciudad como
para tener que pasar el resto de la tarde aspirando el perfume de sexo en este
antro.
- !Si detective¡ !Como ordene¡ Señores, ya
oyeron, a limpiar esta porquería. !!Que no quede rastro de lo bien que la paso
el cadáver¡¡
Martínez, con su sonrisa hipócrita y su peinado
de carrera perfecta a la izquierda, el ejemplo perfecto del típico recomendado
político. Sobrino de algún petimetre con un cargo medio en el gobierno, pero
con alguna información de alguien más poderoso, o el hijo de la sirvienta,
fruto de algún amorío con el hijo de algún senador. Da igual su historia, nunca
me ha interesado averiguarla a ciencia cierta, lo único de lo cual no me cabe
duda, es que de alguna forma tengo que hacerle la vida imposible.
Otro muerto, de igual perfil que el mes anterior,
a la vez que el anterior, y el mes antes... cuatro hombres con apariencia de
ser exitosos, encontrados desnudos en sus apartamentos en sectores exclusivos
de la ciudad. Todos desnudos, con la maldita sonrisa en los labios, signos de
haber muerto tras echarse el polvo de la vida. No puedo negar que ha de ser la
mejor forma de morir, entrando y saliendo de una mujer, sintiendo su calor, sus
gemidos, su pasión, su piel húmeda bajo las manos... Andrea...
Se abre la puerta del ascensor y encuentro a la
vieja de la bata y las pantuflas de motel quien es vecina del muerto. A corta
distancia no se ve tan mal, tal vez con un par de tragos mas y con unos
10 años menos... maldita sea, tengo que acabar esta sequia o voy a terminar acostándome
con cualquier vagabunda.
Tras abandonar la portería del "Nueva
Escocia" y su aire acondicionado, el insufrible calor se encarga de
empapar mi camisa de sudor nuevamente. Escupo el chicle y enciendo un
cigarrillo para pensar, si tan solo supiera en que debo pensar. Un riquillo
muerto desnudo en su apartamento, el cuarto consecutivo en los últimos meses,
el cretino de Martínez y su peinado hacia la izquierda, el whisky abandonado a
la mitad en el bar, la vieja en bata y su “motelesco” calzado, los cuadros sin
sentido en la sala del difunto, el aire acondicionado del "Nueva
Escocia"... Andrea y su vestido ajustado, el trasero perfectamente
redondeado... Andrea...

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