No pasa un día sin que mi mente o mi cuerpo recorra el camino, no hay un recuerdo que no me guíe hasta esos profundos lugares. No hay un sonido que me permita olvidar por un segundo todo lo que fue hace unos años. No me perdono.
Solo una vez te vi cerca, solo una vez y mi aliento flaqueó como si la presión de mil océanos estuviera sobre mi pecho. Una vez en la que mi estomago estuvo a punto de volverse en si mismo y el sudor frío recorrió todo mi cuerpo. No me perdono.
Escribí una vez, pero se que mis palabras no llegaron al destino y creo que fue mejor así, mi vida ha dado tantas vueltas que pareciera que el espiral se cierra cada vez más y me ahoga. No quisiera arrastrarte conmigo nuevamente.
Deseo que vivas bien, feliz, que tengas lo que no pude vivir a tu lado. Que continúes viajando y encuentres las experiencias que soñábamos juntos, esas que mi egoísmo truncó y que con tanto esfuerzo has de haber gozado mientras nuestros caminos se separaron. Que veas atardeceres en una playa del mediterráneo y amaneceres en París, junto a ese que siempre será mejor que yo, que te comprenderá mejor que yo, que podrá abrazarte sin ocultar lo que siente realmente.
Escribir es duro, se torna triste cuando entiendo que eras tu quien me inspirabas y ahora solo queda el recuerdo de lo que fue y nunca podrá revivir. Y que nunca deberá revivir. Quedan las horas leyendo a Miller y los segundos "disfrutando el silencio" tatuados en mi cerebro, los recuerdos de complicidad, de amistad, de comprensión; las tristezas y alegrías, la preocupación por que siempre estuvieras bien almorzaras a la hora y que cuando salieras en al noche llegaras sana y salva, sin importar que no fuera yo el que iba de tu brazo.
Solo te extraño... Y no me perdono...
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