
Es complicado decirlo, es muy difícil tener el valor, el coraje de desnudar el alma frente a otra persona, muchas veces por miedo a una respuesta desconocida pero muchas veces más, por el miedo a una respuesta conocida pero no deseada. Mientras paseo por la red esperando encontrarme con ella como quien camina por una plaza horas y horas, anhelando ver aquella cara conocida, mi mente establece conexiones de como serian las consecuencias de recibir esa respuesta, arma un rompecabezas de millones de piezas, calcula combinaciones y permutaciones con miles de posiblidades, se deja llevar por la imaginación de un estado diferente pero siempre llega a un punto muerto, un camino sin salida. Esa repuesta ya es conocida y no es la que funciona como entrada a ese algoritmo de posibilidades, es aquella respuesta que para el tiempo y congela el corazón, es esa respuesta que sin la necesidad de utilizar palabras cambia el sentido de las cosas en un solo instante. Es esa respuesta que rompe toda posibilidad, todo marco de ideas, que acaba con cada teoría e hipótesis formulada, es esa respuesta que muy en el fondo, guardaba la esperanza de no oír nunca más.
Pero aún así, sabiendo que la posibilidad es mínima por no decir que inexistente totalmente, prefiero estar cerca de esta forma que no estar de ninguna otra, se que no es fácil de entender, pero el solo hecho de conocer un ser tan hermoso tanto por dentro como por fuera, anima mi alma atormentada, saber que al menos cuento como alguien que ha existido en su vida, incondicionalmente estaré a su lado, fiel, pero sin esperanzas de ninguna índole. Prefiero acompañarla como un fiel escudero que abandonarla a sus suerte, recorrer ese camino detrás de ella ya que no puedo a su lado, conformarme con una mirada, una sonrisa, un suspiro.
Dentro de mi sabía la respuesta de antemano, es como un don de clariaudiencia, saber que me va a decir, sentir ese timbre de voz, esa voz que con solo imaginar llena de calidez el ambiente, que sube la tensión de un momento a otro; la expresión en sus ojos, esos ojos que logran cambiar la frialdad de un ser como yo, que son capaces de hacerme olvidar tantas cosas con una sola mirada. Esa respuesta que se sabe sin ningún esfuerzo pero que desarma ese castillo de naipes armado con manos ganadoras de la partida. Lo acepto, soy culpable de sentirme así, pero como no serlo cuando se conoce a alguien lleno de cualidades que matan y defectos que atraen aún más, esos imperfectos que hechizan cuando no se buscan y terminan hipnotizando.
Aún así, sabiendo que todo es tal cual y como lo esperaría con el pesimismo característico de quien lleva a cuestas un dolor crónico, sabiendo que en un abrir y cerrar de los ojos del tiempo han transcurrido los segundos desde que vi por primera vez esa sonrisa, esa mirada, esa presencia. Sabiendo que todo es igual que antes y diferente al mismo tiempo, estaré ahí eternamente, estaré ahí hasta el final de los días. No espero cambiar las cosas, se que no sera así, me gusta la situación tal cual está, imperfecta y bizarra, cambiante en cada paso, llena de sorpresas, dolor y alegría en cada curva del camino. Al fin y al cabo, me he alimentado del sufrimiento por tanto tiempo que no seria yo mismo de otra forma.
Pero aún así, sabiendo que la posibilidad es mínima por no decir que inexistente totalmente, prefiero estar cerca de esta forma que no estar de ninguna otra, se que no es fácil de entender, pero el solo hecho de conocer un ser tan hermoso tanto por dentro como por fuera, anima mi alma atormentada, saber que al menos cuento como alguien que ha existido en su vida, incondicionalmente estaré a su lado, fiel, pero sin esperanzas de ninguna índole. Prefiero acompañarla como un fiel escudero que abandonarla a sus suerte, recorrer ese camino detrás de ella ya que no puedo a su lado, conformarme con una mirada, una sonrisa, un suspiro.
Dentro de mi sabía la respuesta de antemano, es como un don de clariaudiencia, saber que me va a decir, sentir ese timbre de voz, esa voz que con solo imaginar llena de calidez el ambiente, que sube la tensión de un momento a otro; la expresión en sus ojos, esos ojos que logran cambiar la frialdad de un ser como yo, que son capaces de hacerme olvidar tantas cosas con una sola mirada. Esa respuesta que se sabe sin ningún esfuerzo pero que desarma ese castillo de naipes armado con manos ganadoras de la partida. Lo acepto, soy culpable de sentirme así, pero como no serlo cuando se conoce a alguien lleno de cualidades que matan y defectos que atraen aún más, esos imperfectos que hechizan cuando no se buscan y terminan hipnotizando.
Aún así, sabiendo que todo es tal cual y como lo esperaría con el pesimismo característico de quien lleva a cuestas un dolor crónico, sabiendo que en un abrir y cerrar de los ojos del tiempo han transcurrido los segundos desde que vi por primera vez esa sonrisa, esa mirada, esa presencia. Sabiendo que todo es igual que antes y diferente al mismo tiempo, estaré ahí eternamente, estaré ahí hasta el final de los días. No espero cambiar las cosas, se que no sera así, me gusta la situación tal cual está, imperfecta y bizarra, cambiante en cada paso, llena de sorpresas, dolor y alegría en cada curva del camino. Al fin y al cabo, me he alimentado del sufrimiento por tanto tiempo que no seria yo mismo de otra forma.
Siempre me he preguntado por qué si uno sabe la respuesta de antemano, pierde tanto el tiempo imaginando mundos intangibles...y más aún,tiene uno la osadía de seguir jugando al redentor, ¿redentor de quién?,¿redentor de uno mismo?...Es como si siéndole fieles a otros, quisiéramos esconder la infidelidad a nosotros mismos.
ResponderEliminarEternamente...víctimas de nosotros mismos.
Un saludo!!